“Américo Montanini subió al cielo a bajarnos la estrella”

Américo Montanini

Misael Salazar F.

¿Que cómo se puede amar a un futbolista cuando no se ha visto en el terreno de juego?

Pregúntenle a los jóvenes integrantes de las barras del Atlético Bucaramanga o pregúntenle a Marta Montanini, que convirtió a su padre en ídolo sin haberlo visto jugar al fútbol. 

Su hija intenta explicar ese fenómeno extraño. Se transporta al año pasado, por noviembre, cuando falleció el bumangués nacido en Argentina. “Los muchachos de las barras hablaban con mi padre, ya muerto. ¿Qué tanto le decían? ¿Qué le suplicaban? Es difícil y al mismo tiempo fácil entender lo que significa mi padre para los bumangueses y los santandereanos”, dice.

A muchos de esos muchachos de las barras les sucedió lo de Marta: aprendieron a querer al futbolista a través de la tradición oral, es decir, a partir de lo que los mayores les contaban y en muchos casos los mayores también aprendieron de sus mayores, quienes les hablaban de los atributos de un hombre nacido en Buenos Aires, que jugó en las divisiones inferiores del River Plate. Narraban que por la forma como acariciaba la pelota y con la habilidad con la que se desplazaba por el césped, dejando a sus rivales en el camino, llegaron a bautizarlo como “La Bordadora” y así se quedó en el imaginario colectivo.

Amércio José Montanini Ruetti, el gran ídolo de los hinchas del Atlético Bucaramanga celebrará esta noche con todos los santandereanos. Foto suministrada

Es que Américo Montanini fue un extraordinario futbolista que en una sola temporada marcó 38 goles siendo el máximo artillero del fútbol colombiano.

También impuso el récord del mayor goleador en la historia del Atlético Bucaramanga con 134 goles. Nadie, ni “El Negro Miguel Oswaldo González pudo alcanzarlo, menos superarlo. Lo que hizo Motanini fue dejar un récord para que lo recordemos toda la vida.

Futbolista por casualidad

Américo José Montanini Ruatti fue un célebre futbolista por pura casualidad o, como dice Marta, “porque el destino lo tenía marcado”.

El gran Américo Montnini, jugador emblemático del Atlético Bucaramanga. Foto suministrada

Jugando en las divisiones inferiores del River Plate, se lesionó una vértebra.  Marta cuenta que los médicos le dijeron que no podía volver a jugar al fútbol y, de hecho, se retiró de las canchas asumiendo que lo de ser futbolista no había pasado de ser más que un sueño de sus tiempos de pibe.

Pero sucedió algo increíble: A Buenos Aires llegaron los directivos del Atlético Bucaramanga a buscar a un futbolista que ya no jugaba al fútbol.

-Lo queremos en el Bucaramanga -le dijeron-.

-Pero yo ya no juego al fútbol. Estoy retirado porque tengo lesionada una vértebra, respondió Américo.

Ante la insistencia de los enviados por no se sabe quién, al argentino no le quedó otro remedio que aceptar con la condición que venía en prueba por tres meses.

Montnini nos bajará la estrella esta noche. Foto suministrada

El resto de la historia la cuenta Marta: “Mi papá llegó al Bucaramanga y en el primer partido anotó su primer gol. De la fractura de la vértebra no supo más nada. De su Buenos Aires tampoco porque empezó a amar esta ciudad de tal manera, que aquí echó raíces, aquí amarró su familia, aquí prometió morir y aquí murió tranquilo como se lo había propuesto. Marta recuerda que su padre solo regresó a Bueno Aires cuando hizo el curso de entrenador por la Asociación de Fútbol Argentina (AFA).

Nunca más volvió a la ciudad porteña, de manera que es fácil deducir que para Américo Montanini no existió su Buenos Aires querido, sino su Ciudad Bonita, Bucaramanga, a la cual le entregó el alma.

El Amor eterno de AméricoMontanini

Américo Montanini viene a Bucaramanga, casi contra su voluntad, porque los médicos le habían dicho que ya no podía jugar al fútbol.

Marta recuerda y cuenta cómo su padre conoció a la santandereana Gloria Hinestroza y esta no es más que otra feliz coincidencia y otro motivo para que el argentino convirtiera a Bucaramanga en la ciudad de sus amores.

-Quien a la postre fuera mi madre, cantaba en una emisora de Bucaramanga -narra Marta-. Y por pura coincidencia tropezaron la mirada en el aeropuerto de Bogotá con Américo Montanini quien venía de otra ciudad rumbo a la capital de Santander. No se dijeron nada, apenas se saludaron, pero bastó con que se hubieran cruzados las miradas.

Y otra vez la coincidencia. Gloria Hinestroza se hallaba en la emisora cantando cuando Américo llegó a una entrevista deportiva.

El argentino esperó que la cantante saliera de la emisora. Ambos recordaron que se habían visto en el aeropuerto, pero Américo se adelantó e increpó a la dama santandereana.

-¿La puedo visitar? -le preguntó-.

Ahí comenzó lo que Marta denomina una historia de amor muy bonita, de cuyo fruto nacieron Gloria, Marta y Claudia, que junto a su esposa Gloria, conformaron las cuatro mujeres de Américo Montanini.

El artista plástico, Gustavo Herrera Acelas, pintó al técnico Rafael Dudamel y le regaló la obra al técnico del Atlético Bucaramanga. Foto suministrada

A Marta se le vienen los recuerdos a borbotones. “Mi madre murió por el mes de agosto -afirma- pero mi padre cumplió años en abril. Ese día, como si ella presintiera su partida, le cantó una bella canción: Amor Eterno. Recuerdo que nunca antes mi madre, que cantaba como todas las mujeres haciendo oficio, le había dedicado una canción a mi padre. Fue un gesto muy bonito, como si se tratara de un homenaje a mi padre antes que ella muriera.

Américo se metió en el alma de los santandereanos

Marta, que optó por no casarse, se dedicó a vivir el fútbol junto a su padre.

Lo acompañó a casi todas las canchas de Bucaramanga. Vivía con Américo toda la pasión de un hombre que se dedicó a vivir, servir, compartir, enseñar y amar la gente.

-Mi padre era de los últimos en ingresar al estadio -agrega-. Era feliz hablando con la gente, saludando, recibiendo abrazos y reconocimientos a su calidad humana. No supe nunca que cobrara un peso por sus enseñanzas y su labor multiplicando el fútbol y compartiendo sus conocimientos. Debe ser por eso que la gente lo quería tanto.

Marta y quienes conocieron a Américo Montanini, cuentan que la casa del ídolo siempre fue un refugio. “Allí llegaban los jugadores que venían a probar suerte en Bucaramanga y no tenían como pagar la posada. Cuando se iban llegaban otros y así fue siempre en nuestra casa. Mi padre siempre compartió lo que tenía y les dejó a sus hijas ese legado.

Sigamos hablando de coincidencias. Américo José Montanini Ruetti se marchó en noviembre del año pasado. Justo por esa época se hallaban en conversaciones Rafael Dudamel y la directiva del Atlético Bucaramanga y ese mismo diciembre se confirmó que el estratega venezolano se vinculaba al club de los amores del nacido en Argentina y convertido en bumangués de cabo a rabo.

El mismo Dudamel ha dicho que siente que el espíritu de Montanini lo acompaña en los entrenamientos, en la cancha, en los momentos claves del equipo.

El gobernador, Juvenal Díaz Mateus, escuchando el clamor popular, acaba de bautizar al estadio con el nombre de Américo Montanini.

Parece ser muy cierto lo que dice Marta y lo que dicen los hinchas del Bucaramanga en la calle, en los bares, en las fuentes de soda, en los semáforos, en todas las charlas donde resulta inevitable tocar el tema del Atlético Bucaramanga: “Américo Montanini se fue al cielo a bajarnos la estrella para el Bucaramanga”. 

Esta noche, el bumangués nacido en Argentina, celebrará con todos los santandereanos la primera estrella del Atlético Bucaramanga.             

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