El éxito empresarial de Carlos Mattos reside en su inquietud

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El filántropo colombiano comenzó desde muy joven a experimentar con el emprendimiento, eso hizo que despertase en él un afán por aprender y triunfar en el mundo empresarial.

Son muchos los que hablan acerca del éxito empresarial de Carlos Mattos, pero son pocos los que conocen los ‘entresijos’ que le han hecho triunfar en el mundo de la empresa. 

En una reciente entrevista realizada al filántropo colombiano, reconocía que tuvo inquietud por los negocios desde que era ‘bien chico’. “Mi carrera profesional comienza muy pronto. Como anécdota recuerdo que en el patio de la casa de mi abuela ya montaba una especie de restaurante con mis primos. Ponía sillas y por las tardes ponía queso y pan (sándwiches) para que todos comieran. Allí yo era el cocinero y el productor”. Y mal no lo hacía Mattos quien, entre risas, también reconocía que dos de sus primos también ‘trabajaban’ en ‘su’ negocio: “Uno de mis primos era el mesero y el otro el que cobraba”. Esto lo hacían en vacaciones y cada día venían nuevos familiares. “Esta fue mi primera incursión en el mundo profesional si se puede decir de alguna manera” explicaba Mattos.

De su infancia, pasó a su adolescencia, donde Mattos ya quiso contribuir en la hacienda de su padre. “Mi padre tenía una finca de 1.000 hectáreas donde sembraba algodón y en mis vacaciones, yo ya le ayudaba en su negocio” comentaba. Y es que Carlos supo ver oportunidades donde otros no veían nada: “Monté una tienda donde vendía provisiones a los empleados, a los recolectores -unos 1.200 en total-”. El empresario colombiano compraba mercancía a distintos proveedores del pueblo. En sus palabras: “Iba al mercado del pueblo con uno de mis chóferes y compraba queso, Coca Cola o panela; que era como un algodoncito de azúcar con un alto poder calórico para que los empleados tuvieran energía y pudieran soportar las altas temperaturas”.

Sin lugar a dudas, Mattos ya vislumbraba lo que iba a ser su futuro. Quizás supo ver algo distinto que los demás no percibieron como él mismo reconoce: “Yo vendía productos que en la administración de la finca de mi padre no vendían”, y continuaba: “Al final de cada mes yo liquidaba y mi padre me pagaba a mí. Por aquel entonces yo ya sabía sumar, restar o multiplicar, pero esto me enseñó a ser más rápido. Fue allí donde realmente aprendí la contabilidad” matizaba.

Después vinieron sus estudios en la Babson Collage, Harvard, o Massachusetts; todo con un enfoque empresarial. Pero lo que pocos conocían es que el éxito de este gran hombre residió en sus primeros años de vida. “Ya era conocedor de qué eran los negocios y cómo funcionaban. Eso me ayudó cuando empecé a cursar Bienes y Administración de Empresas” finalizaba.

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