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EconomíaEl precio de la carne (Análisis)

El precio de la carne (Análisis)

Los colombianos no hemos dejado de consumir carne por el dolor en las articulaciones, sino por el dolor en el bolsillo.

Oliverio Solano Cala analiza las razones del aumento exagerado en el precio de la carne

Oliverio Solano Cala

Se ha venido hablando por estos días de la ola alcista en el precio de la carne que los colombianos, pero especialmente los santandereanos, consumimos de manera cotidiana; y se ha dicho mucho al respecto, que son las exportaciones, que el verano, que los ganaderos se están enriqueciendo, que es Lafaurie y otros que el propio presidente, y claro está, sin dejar por fuera a Uribe; culpados todos del hoy disparado y disparatado precio.

Pero al decir verdad, son ellos y no es ninguno, (como decía mi abuelo Martín), porque cualquier economista, con poca lectura, diría que es realmente el mercado el causante del actual desequilibrio en el costo de la canasta familiar, y también tendrían razón. Pero recordemos que detrás de cada hijo bobo, hay un padre vivo que lo hizo.

Dadas estas situaciones es preciso analizar, dónde inicia el encarecimiento del ganado, quién lo genera, quién lo patrocina, quién se beneficia y quién es el más perjudicado.

Iniciemos entendiendo que el mercado es la relación de unos oferentes y unos demandantes de cualquier producto, bien o servicio, y que acorde con sus oscilaciones los precios se estabilizan o cambian; y entendemos que, en ese mercado, existen otros factores que ejercen acciones que lo alteran, tales como las decisiones del gobierno y el comercio exterior. En este caso, estos dos actores tienen gran peso en el fenómeno de precios altos de la carne, lo que analizaremos al final.

El rebaño nacional ha venido disminuyendo debido a la exportación

Por ahora, miremos el solo mercado interno y el mercado sin regulación estatal, y podríamos decir que la oferta de ganado ha venido decreciendo  en este nuevo milenio, y que seguramente tendríamos como factores conducentes a la escasez de ganado, el cambio de uso de las mejores tierras hacia el cultivo de la palma africana; el sacrificio de vientres, lo que desencadenó una disminución del hato ganadero y la comercialización de ganado en pie, terneraje y hembras a Venezuela en los años 2003 al 2008,
sin ningún control. (Disminución del hato ganadero).

Otro factor, la falta de regulación en el precio de insumos, medicamentos, concentrados forrajeros, combustibles y en general todos los elementos que se requieren en la producción de ganado, lo cual debe trasladarse al consumidor final con su consecuente subida en el precio del producto.

El cambio climático, también tiene su participación en la determinación del precio, dado que la presencia de inviernos y veranos mas acentuados, implica nuevas inversiones en el acopio de alimentos para enfrentar las temporadas críticas.

El productor, por lógica capitalista, aprovechará dentro de su estructura de negocio, obtener mejores precios, sin caer en cuenta que se convierte en un sofisma de distracción, dado que si vende sus novillos gordos a un mayor precio, cuando vaya a remplazar su hato por nuevos lotes de terneros para la ceba, estos también han disparado sus precios y la inversión esta vez será mayor.

Y si analizamos a los consumidores nacionales, podemos decir, que han disminuido el consumo de la carne de vacuno y han encontrado sustitutos en el pollo, los huevos, las verduras etc. Todos, productos de menor precio; pero es ahí donde aparece el mercado externo; hoy se comercializa ganado en pie para Asia y algunos países de África; carne empacada al vacío y congelada para Europa y países de América; cuya salida de ganado genera desabastecimiento para el mercado nacional.

Y el gobierno?… El gobierno, dentro de su política expansiva de encontrar nuevos mercados, cierra los ojos y concentra todo su esfuerzo en sostener una balanza comercial más equilibrada y encuentra en el sector ganadero un potencial renglón generador de  importantes divisas. Y para ello crea las condiciones necesarias, certificaciones y políticas de admisibilidad con los gobiernos interesados en comprar el ganado colombiano y coadyuvar en ruedas de negocios, para el éxito en tan lucrativos negocios. Y hasta ahí, todo parece un logro gubernamental en su política de comercio exterior. Pero lo que no sabemos los colombianos es que el Estado, ha creado (desde ya hace varios gobiernos), un subsidio para facilitar la exportación de carne, que administra el Fondo Nacional de Estabilización, el cual consiste en subsidiar por cada kilo que se exporte hasta sesenta centavos de dólar, lo que equivale a unos $2.200,oo  por kilo.

Así las cosas, podemos concluir, que si un consumidor nacional, cuyo poder adquisitivo es muy precario, recibiera ese subsidio,  por cada kilo de carne que compre en las plazas de mercado, para alimentar a  su familia con una fuente de proteína, como es la carne de res; incrementaría el consumo y por consecuencia se reactivaría la comercialización del ganado en nuestro país, restableciendo la economía en millones familias  involucradas en esta cadena productiva, hoy golpeados por la escasez del producto y cerrados sus establecimientos de comercio, mientras centenares de miles de cabezas de ganado suben a los barcos en los puertos costeros, sin agregar valor interno, trayendo consigo desempleo y pobreza en la sociedad. Los colombianos, no hemos dejado de consumir carne por el dolor en las articulaciones, sino por el dolor en el bolsillo.

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