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MundoRusiaMikhail Gorbachev: El primer idiota del imperio americano

Mikhail Gorbachev: El primer idiota del imperio americano

Felipe A. Priast

En la frontera entre Finlandia y Rusia, sobre la vía que de Lappenranta conduce a Vyborg, del lado ruso, flamea en el cielo una llamarada descomunal alimentada con Gas Natural ruso que le recuerda a sus vecinos al otro lado de la raya, la abundancia de este combustible en la tierra de los cosacos.

Ayer, en la tierra de esa enorme llamarada inextinguible que hoy desafía al mundo, murió el último líder de la extinta Unión Soviética, Mikhail Gorbachev, quien además de ser el último premier soviético, también fue el primer idiota del Imperio americano.

Los Estados Unidos de América, para desgracia del mundo, se volvió un Imperio en 1991, cuando la Unión Soviética por fin se disolvió y Mikhail Gorbachev coronó a los americanos como emperadores del mundo, al igual que el Papa Pio VII lo hizo con Napoleón en Notre Dame en 1804. Fue Gorbachev el que hizo a los americanos emperadores, y en agradecimiento a ese gesto, hoy Occidente recuerda a Gorbachev como un “líder sabio” que desmontó el comunismo y acabó con la “Guerra Fría”.

Gorbachev desmanteló la Unión Soviética y dejó reinado a EE. UU.

La realidad, como de costumbre, es más prosaica. Gorbachev, a pesar de todos los méritos que le pudieran caber, según la narrativa de Occidente, fue siempre un burócrata mediocre. En su juventud pronto se convirtió en la cabeza del “Komsomol” -la división juvenil del partido comunista- en su nativa Stavropol, y a partir de ahí hizo una carrera burocrática hasta ascender a la cumbre del politburó, el órgano de gobierno de la antigua Unión Soviética.

A través de los años, Gorbachev trepó los distintos escalafones del poder soviético de la mano de Leonid Brezhnev y Yuri Andropov, dos “hardliners” del Politburó que a su vez llegaron a ser secretarios del Partido Comunista Ruso y líderes de la Unión Soviética. Esa protección que le brindaron estos dos pesos pesados del Politburo fue lo que catapultó a Gorbachev a la cumbre del poder, pues fue Andropov, en su lecho de muerte, quien ungió al “joven” Mikhail como su sucesor.

De hecho, en su juventud Gorbachev cultivó una gran fama dentro del partido como uno de los aduladores más famosos dentro del partido comunista. En otras palabras, al joven Mikhail se le “peló” la mano de tanto sobar chaquetas.

Hoy en día en Rusia se le recuerda por eso con desdén. “Gorbachev fue el gran adulador de Occidente, el gran soba-chaqueta de Reagan, Tatcher y el primer Bush, y por eso es tan querido por los anglosajones”, dicen los rusos que aún se acuerdan de esos tiempos, y no es una idea falsa.

La Plaza Roja de Moscú, símbolo del poder soviético

Fue Gorbachev quien desmanteló la Unión Soviética, es cierto, pero también el primer títere de Occidente, quienes lo usaron y lo manipularon hasta el abuso.

Acostumbrado a adular y sobar chaquetas, Gorbachev creyó que Reagan, Tatcher y Bush padre eran el equivalente occidental de Brezhnev, Andropov y Gromyko, y se convirtió en su “Duque”, solo para que Occidente lo manipulara y lo condenara al olvido y a la ignominia en su propia tierra.

Poca gente recuerda esto pero, en 1996, cuando ya Boris Yeltsin era presidente de Rusia, Gorbachev volvió a lanzarse como candidato presidencial y sacó 0.5% de los votos, es decir, nada, los mismos votos que sacó Ingrid Betancourt en las pasadas elecciones en Colombia. En 5 años pasó, de presidente de la Unión Soviética, a nada. En Europa y en Norteamérica lo adoraban, pero en Rusia lo detestaban, lo veían como un pobre diablo que sucumbió a los cortejos de Occidente, entregándoles Rusia en bandeja a las potencias Occidentales.

Y gracias a su infinito servilismo y a su deseo de siempre agradar a Occidente, Gorbachev sembró la semilla de la guerra que ahora tiene al mundo en ascuas entre Rusia y Ucrania.

Hoy la situación es distinta. El inquilino del Kremlin no es un “soba-chaqueta” como Gorbachev sino un antiguo coronel de la KGB con más astucia que un zorro de gallinero. En 22 años Vladimir Putin ha detenido el proceso de descomposición de Rusia, ha estabilizado económicamente a la nación y la ha regresado al tinglado mundial por lo alto. Hoy, mientras los supermercados rusos están bien abastecidos y los hogares moscovitas bien aclimatados, ya sea para controlar el frío o el calor, el resto de Europa está chupando cable.

Hoy, en Gran Bretaña los jubilados no saben si comer, o pagar las exhorbitantes cuentas de energía que les llegan.

Ese zorro ruso que Occidente odia porque no es igual de sumiso que su “querido” Gorbachev tiene a medio mundo comiendo mierda, cuando ese medio mundo creía que eran ellos los que lo iban a poner a comer mierda a él. Y en el proceso, este zorro ruso se está llevando consigo la Unión Europea, a la OTAN, a la supremacía del dólar y en general, al orden mundial existente.

Putin, quien ha tenido que corregir los destrozos dejados por Gorbachev, ha cambiado el mundo estos últimos 6 meses de la manera más dramática imaginable. Y esa Resurrección de Rusia como potencia global y nuevo foco de poder ha quedado sellada con el fallecimiento del idiota de Occidente que vio caer a Rusia.

Y lo mejor de esta historia es que esta resurrección rusa ha venido acompañada del decline inexorable de los Estados Unidos como imperio. Todo el mundo lo ve, todo el mundo lo percibe. El mundo entra en una era conservacionista, antiglobalización, antiimperialismo y ecologista para la cual los Estados Unidos no están preparados para dirigir. Es difícil liderar al mundo hacia una era ecológica cuando la nación que uno gobierna es la nación que más contamina y causa daños entrópicos al planeta.

Y no es que Rusia o China sean ejemplos de conservacionismo, ¡para nada! Pero, al menos la sombrilla que ellos aportan, esa sombrilla que pone en jaque el absoluto dominio de Occidente, permite que otras voces menores se escuchen, y son esas voces las llamadas a dirigir el cambio mundial.

Si a mi preguntan hoy qué quién creo yo que va a dominar el mundo los próximos 50 años yo no diría “China”, o “Rusia”, o “Estados Unidos”. Yo diría que los llamados a gobernar este moribundo planeta serán los Gustavo Petro de este mundo, aquellos líderes regionales con una clara idea de los peligros que se ciernen sobre nuestro planeta en términos ecológicos, pues es el momento de la Pachamama, de Gaia, de la Madre Tierra.

Aquí el asunto es otro. Para que esas voces que hablan por la tierra se escuchen -como la voz de Petro-, hay que arrimarse a una sombrilla que permita este dialogo.

¿Provee los Estados Unidos, con todo su desprecio, todo su racismo y todo su desdén por Latinoamérica, que estas voces sean escuchadas en el concierto mundial? Por supuesto que no. Los Estados Unidos es un país enfermo, en decadencia, podrido por culpa de un sectarismo político extremo y una obsesión grotesca por las armas, el consumo desaforado de drogas alucinógenas y la violencia. Seguro que, con ese ruido de fondo, ninguna de estas voces se oirá.

Pero el inquilino del Kremlin, ese que fue llamado a reparar los destrozos del finado Gorbachev, parece más dispuesto a escuchar al resto del mundo.

Ya Duque nos demostró lo inútil que resulta ser un siervo de los americanos, ya todos en Colombia pudimos ver en qué consiste ser un “Gorbachev”.

El único camino que le queda al mundo, su salvación, es desafiar al loco del planeta, los Estados Unidos, pues su liderazgo, seguro-seguro, nos va a llevar a todos a la extinción. Hay que poner en jaque a los Estados Unidos, ese es el único camino viable. Ya no hay tiempo para Duques y Gorbachevs, es el tiempo de los Putins y los Petros.

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