Misael Salazar F.
Hay momentos en que parece una romería.
Gente llega y gente se va. Se toman fotos. Comentan entre sí. Preguntan quién habita la casa. Hacen todo tipo de conjeturas. Buscan en las lápidas el nombre de algún conocido. Luego de marchan y llegan otros a repetir el ritual.

Todo, en esta casa de Altamira, tiene que ver con la muerte
Si alguien quiere visitar la casa de la muerte en Floridablanca, solo debe subir unas tres o cuatro cuadras del parque principal, rumbo a Limoncito. Busca el popular sector conocido como Altamira, donde están las casas y verá en una esquina, una de ellas donde todo tiene que ver con la muerte.
Todo el techo es una alegoría a la muerte. O a esa “dama impuntual”, como la llamó García Márquez en uno de sus cuentos.

Por la pared de la carrera, hay un mosaico de lápidas con nombres curiosos de muertos
En la base del techo, un ataúd, color marrón, con el símbolo de la muerte (la cruz), adorna el paisaje singular. A su alrededor, muchas cruces, en representación de un camposanto, todo hecho a base de icopor. Y en todo el centro del escenario (léase del techo de la casa), se levanta erguida, la dama que representa la muerte, con su manto negro, su sonrisa y su conocidísima dentadura blanca. Las rejas de la casa están adornadas con calaveras, en recuerdo de lo que quedamos convertidos, una vez pasemos a habitar el mundo de los difuntos.
Como la casa es esquinera, por los lados de la carrera, aparece un lapidario, es decir, un mosaico de lápidas, similar a las que uno ve en los cementerios. Y cada lápida tiene un nombre, como si se tratara de un difundo, con su fecha de nacimiento y muerte.

La muerte es la única habitante de la casa, al menos por ahora
Por ejemplo, allí aparecen los “restos” de InÉs Tornudo, ElGar Gajo, AlEx Cremento, ElSa Capunta, PaCa Garte, ElBa Surero y Alán Brito Delgado, entre muchos otros.
“Todos lo comentan, nadie los delata”
Como en la famosa canción de salsa, una vez, frente a la casa de la muerte, “todos lo comentan, nadie los delata”.

La casa de la muerte se halla en una esquina del barrio Altamira en Floridablanca
Todo mundo habla de la muerte, de la casa, de cómo es posible decorar una vivienda con toda la simbología de la muerte, de la creatividad y el ingenio allí plasmado y, desde luego, de los misteriosos habitantes de la casa de la muerte.
Pero nadie, ni los propios vecinos se atreven a decir quiénes son los dueños de la casa misteriosa.
Apenas afirman que la vivienda está sola. Deshabitada, al menos por el momento. Y, en efecto, todos llegan y todos se van, sin saber a quién o a quiénes se les ocurrió decorar su propia casa con la muerte, quizás por el día de brujas, que se aproxima.
A lo mejor sus propietarios regresan cuando las brujas hayan venido y se hayan ido. Es posible, entonces, que los vecinos y los curiosos sepan quiénes son los autores de tan singular y significativa genialidad: Dejar que la muerte habite todos los espacios de una casa: Techo, paredes, rejas y ventanas.
Pero, mientras tanto, en su ausencia, nadie los delata. Solo hablan de la genialidad de los incógnitos que trajeron la muerte a las inmediaciones de Altamira y se marcharon, quizás, para no dar ningún tipo de explicaciones.
Por ahora y al menos hasta el fin de mes, la muerte, con todos sus muñequitos, habita en una casa de Floridablanca.
