Blanca Inés Prada Márquez (*)
Las elecciones son uno de los pilares fundamentales de las Democracias, porque con el voto los ciudadanos logramos poner nuestra cuota de participación en la administración y el futuro de la nación. En los actuales momentos en Colombia nos están pidiendo expresar nuestro voto por quienes consideremos más aptos para ir al Congreso (Senado y Cámara) este domingo, 13 de marzo, como también dar nuestro voto por una persona de cada uno de los grupos –Equipo Colombia, Centro Esperanza y Pacto histórico–, quienes competirán con los otros candidatos el 29 de mayo en la primera vuelta presidencial.
En nuestro país con frecuencia se les da poca importancia a las elecciones para Congreso, tamaño error. El congreso tiene funciones importantísimas, pero también es cierto que nuestro Congreso necesita ser reformado en su totalidad, como lo hemos mostrado en otros escritos. Quizá nuestra indiferencia frente al Congreso se deba a nuestra ignorancia sobre cuáles son sus funciones, señalemos algunas:
– El Congreso tiene una función constituyente, puede hacerle –mediante lo que se llama “actos legislativos”– reformas a nuestra Constitución.
_ Tiene una función legislativa siendo esta la que más se conoce. En efecto, el Congreso es el encargado de elaborar las leyes, interpretarlas, divulgarlas, reformarlas y hasta derogarlas. Inmensa responsabilidad. Subrayando que en nuestro país sobran las leyes, pero falta el sentido común para diferenciar lo correcto de lo incorrecto. El más importante de todos los sentidos como decía Descartes.
– Puede llamar e interrogar a los Ministros y demás autoridades si hay motivo para ello; esta función es la llamada “de control político”. – Excepcionalmente el Congreso a través de su “función judicial” puede juzgar desde el punto de vista político a altos funcionarios del Estado.
– Al congreso le corresponde elegir al Contralor General de la República, al Procurador General de la Nación, a los Magistrados de la Corte Constitucional y de la sala Jurisdiccional Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura, al defensor del Pueblo, y también al Vicepresidente de la república en caso de falta absoluta de este. Como quien dice: sobre sus espaldas recae la responsabilidad de nombrar a los llamados «organismos de control económico, judicial y de defensa de los derechos humanos”, pilares fundamentales de toda democracia.
Frente a semejante responsabilidad para la buena marcha de nuestra nación, nosotros vamos a dejar que suba a este altísimo cargo cualquiera. Pensemos un poquito, detengámoslos un rato al menos a mirar las listas, esas larguísimas listas de candidatos –algunos repitiendo curul sin haber hecho nada en los anteriores periodos– y otros con malísima reputación por las roscas, o las familias de donde vienen, pues así no haya delito de familia, lo que si heredan los hijos de sinvergüenzas son sus inmensas riquezas mal habidas, sus cómplices seguidores y sus malas costumbres.
Muchos pensamos que nuestro Congreso debe ser totalmente reformado: acabar con el sistema bicameral que resulta costosísimo y que alarga demasiado los debates y las conclusiones, además multiplica el número de congresistas quienes con sus altísimos sueldos se comen gran parte de los dineros de la patria. Varios incluso, a la hora de votar, salen orondos del sagrado recinto como Herodes lavándose las manos para no tener ninguna responsabilidad en lo aprobado. Estas prácticas deberían ser prohibidas. El que vaya al congreso va a deliberar, pero también a aprobar o a desaprobar con su voto responsable, no a convertirse en un estorbo, en una traba para el avance del trabajo legislativo.
Sin embargo, y a pesar de todos estos problemas, no podemos dejarnos llevar por la apatía y mientras se reforma nuestro Congreso –mal estructurado desde la Constitución del 91– no podemos dejar que cualquiera llegue a semejante cargo. Es cierto, si llegamos a la mesa de votación sin candidato escogido nos perderemos entre 2835 aspirantes: unos al Senado, otros a la Cámara. Demasiada gente esperando semejante honor y, seguro que muchos ni siquiera saben qué hace el Congreso, pero ellos tranquilos, pues como lo mostré en otro artículo, cada uno tiene seis asesores, que ayudan a subir su altísimo sueldo.
Ahora bien, no podemos actuar como esos pesimistas que piensan que todos son iguales, que todo está perdido. NO, sabemos que hay aspirantes decentes, honestos, ilustrados, libres, que quieren trabajar por el bien de nuestro país, que incluso piensan que una de las tareas fundamentales para la buena marcha de la nación es la Reforma del Congreso, a fin de poder sacar adelante proyectos indispensables como la Reforma a la Justicia, una gran Reforma Agraria y, la urgente y fundamental Reforma Política. Pongámonos las pilas, investiguemos sobre los candidatos y tratemos de darle el voto a quienes consideremos más dignos de semejante honor y responsabilidad.
Bucaramanga, marzo /2022.
(*) Profesora pensionada de la UIS
