Gustavo Petro impulsa la economía popular. Foto: Archivo
Misael Salazar F.
Como las campañas electorales en Colombia son más que todo un circo y un espectáculo boxístico, las propuestas medulares de algunos candidatos presidenciales terminan en la canasta de la basura o llevadas al pelotón de fusilamiento sin la mínima posibilidad de racionalizarlas y menos enfrentarlas con la argumentación debida.
Es lo que está sucediendo con la propuesta del perdón social de Gustavo Petro. Pareciera que la iniciativa no importa. Lo trascendental es que viene de Petro y Petro lidera las encuestas. Por lo tanto, hay que lapidar el perdón social, porque así lapidamos a Petro.

Gustavo Petro, proponente del «Perdón social»
Quienes ha convertido el perdón social en un instrumento para la guerra política contra el líder del Pacto Histórico, olvidan adrede que lo esencial de una propuesta es el debate, la discusión, la argumentación para enriquecerla y avanzar o desecharla.
Peor aún. Los enemios de la propuesta, por ignoracia o interés manifiesto, dejan de lado el hecho trascendental que fue Jesuscristo uno de los grandes ideólogos del perdón desde el punto de vista de la religión católica. O prefieren tapar el hecho de que Francisco, el papa, le ha dedicado tiempo y reflexión al perdón, no como el fin, sino como el camino para un profundo proceso de reconcialiación que nos coloque de nuevo en el diálogo para superar el terrible conflicto colombiano que acumula 9 milloness y medio de víctimas.
“Cultura política y perdón”

Los políticos, entre ellos los candidatos presidenciales y los medios de comunicación, prefieren la gradería que el análisis y la investigación en relación a la propuesta del perdón social.
Por fortuna, está rodando en redes sociales, en versión PDF, el libro titulado “Cultura Política y Perdón”, escrito por académicos, pensadores, analistas y sacerdotes, además del candidato presidencial que colocó el término y el concepto en la agenda de la campaña presidencial.
Del texto ni siquiera se han percatado lo grandes medios de comunicación ni los comunicadores y periodistas que reciben cuaniosas sumas de dinero para movilizar la opinión pública (léase votantes), hacia una candidatura determinada.
Editado por Adolfo Chaparro Amaya, el libro contiene la reflexión de 22 investigadores y humanistas, entre ellos Antanas Mokus, Carlos Monsivais, Christian Shumacher, Francisco de Roux, Jaques Derrida y el propio Gustavo Petro Urrego.
Si lo leyeran los candidatos presidenciales y los periodistas del espectáculo electoral, seguramente entenderían que el perdón, desde lo biológico, lo religioso, lo cultural, lo jurídico y lo político, es algo más profundo que borrar las penas a las que han sentenciado a quienes han delinquido contra lo público y lo humano.
El perdón social que coloca Petro en la agenda electoral colombiana, es una propuesta que invita al análisis y la discusión.
Por lo pronto y para contrarrestar la ignorancia que tanto daño le hace al espíritu y al intelecto, debemos afirmar que el perdón social fue una de las claves del arzobispo Desmond Tutu y Nelson Mandela para lograr la reconcialiación de Sudáfrica, desgarrada por el apartheid o el racismo que sometió a país africano al más denigrante atraso.
Nueve millones y medio decolombianos víctimas de la violencia, 25 millones decolombianos que no tienen aseguradas las tres comidas diarias, 13 millones de colombianas cabeza de familia, millones de jóvenes sin empleo ni oportunidades de estudio, no meceren ni siquiera la posibilidad de que los candidatos presidenciales se dignen evaluar la factibilidad o no de una propuesta como el persón social, solo porque viene de uno de los aspirantes?
Parafrasendo el título del libro que hemos mencionado, la cultura política al menos debería servirnos para darnos la oportunidad de analizar la posibilidad de acudir o no al perdón social como un camino para la reconcialiación de los colombianos, en un escenario altamente polarizado. Pareciera no mucho pedir si pensáramos en el futuro de Colombia.
