Opinión el editor
Pareciera que Floridablanca, por su apelativo de Ciudad Dulce, fuese mielecita apetecible para foráneos politiqueros quienes aparecen sólo cada cuatro años.
Ya se comienzan a observar en los pasillos de la alcaldía, en el parque, en el Picoteo y en el café Nepo, la jauría carroñera de politiqueros falsarios aportantes de nada y pedigüeños de todo.
Su discurso siempre es el mismo, hablar pendejadas de cábalas electorales y electoreras autoproclamándose y que líderes, más mintiendo de ser manejadores de votos a montón.
Su objetivo, especular con argumentos baladíes razones sazonadas de mentiras acomodadas, para que le crean ingenuos representantes de partidos políticos y los incluyan en su lista como candidatos al concejo. Su finalidad, hacer su agosto quitándole una platica al candidato a la asamblea, otra al candidato a la alcaldía, y una más al candidato a la gobernación. Y al final, salen con “el chorro de babas” de 50 votos (si al caso) y echando culpas ajenas a su estruendosa derrota.
Floridablanca se respeta ¡carajo! Ya está bueno de tanta fauna torticera aparecida en mera época de subienda, y que durante los tres años anteriores por acá nunca asoman a aportar nada positivo.
Cuántos florideños buenos, decentes, preparados y honestos no tienen acceso a un renglón en una lista, porque son desplazados por charlatanes bucaneros con postín de figurín.
Responsabilidad inmensa tienen los partidos políticos como instituciones serias que lo deben ser, y ojalá para esta nueva contienda del 29 de octubre de verdad estudien perfiles, haya selección ecuánime de hojas de vida y permitan que el ciudadano en calidad de elector pueda escoger entre mejores y no tener que decidir por el menos peor.
Gerardo Castro Pérez
