Juan Camilo Castellanos Santamaría, el ganador del concurso nacional de relato "Campesino Lector". Foto suministrada
Misael Salazar F.
El niño piedecuestano Juan Camilo Castellanos escuchó con atención lo que su señora madre, Olinta Santamaría, le relató de su vida cuando tenía la misma edad de él, 10 años.
Vivía Olinta en la vereda Sevilla, por la carretera que mira hacia el páramo de Berlín. “Ya tarde -le dijo a su hijo- tuve que salir de casa a buscar hierbas medicinales para el dolor de estómago. De regreso, con la noche encima, noté que me perseguían cuatro tunjitos de oro. No hice otra cosa que correr y correr, pero los tunjitos me alcanzaron y me rodearon”.
La curiosidad de Juan Camilo llegó al límite. ¿Qué sucedió madre?, preguntó con insistencia.
-Me dijeron que había que vivir en armonía con los demás seres humanos -agrega Olinta-. Que la colaboración entre todos rendía frutos. Que la vida era mejor si había paz entre los seres humanos, entre las personas.
El niño se quedó pensando en la historia que le relató su madre.

Juan Camilo Castellanos y la tutora, profesora Gloria Ustman. Foto suministrada
Cursaba 5to grado en la Escuela Sede C, Las Amarillas, del Colegio Cabecera del Llano en la vereda Las Amarillas, distante una hora y media de Sevilla, donde transcurrió el relato narrado por su madre.
Cuando llegó a la asignatura de Español, que conducía la profesora Gloria Ustman, la docente les dijo a todos los integrantes del curso que la lectura era vital para el ser humano. Que mientras más leyeran, más cultos y sabios serían.
Y les dijo que había que empezar por construir una historia, léase, un relato corto, como parte de las actividades de la cátedra.
– ¡Ya sé! -dijo Juan Camilo. Relataré una historia que me contó mi madre: Los 4 Tunjitos.

Ellos son los protagonistas de esta bonita historia: Los padres de Juan Camilo, Juan Camilo y la tutora Gloria Ustman. Foto suministrada
De inmediato se produjo un acto cómplice entre la mamá del niño, Olinta, quien le relató oralmente la historia de Los 4 Tunjitos y su hijo, que, a los 10 años, se propuso escribirla. La profesora Gloria aceptó ser la tutora y con ello daba por aceptada su complicidad en este propósito lúdico.
Pero apareció un cuarto cómplice para concretar la tarea. Juan Camilo no lo conocía en persona, sino por referencia. Le dijeron que había nacido en un pueblito del departamento del Magdalena llamado Aracataca. Que había escrito varios libros de literatura y que había ganado el máximo premio que otorgan a los escritores de mentes brillantes como él: El Nobel de Literatura.
Y por fortuna o por casualidad, Juan Camilo tropezó con un libro que forma parte de las grandes obras del inicio de Gabriel García Márquez, el colombiano más universal de todos.
Cuando hablamos con Juan Camilo no recordaba bien el nombre de la obra. “Es el libro del ahogado”, dijo. Le dijimos que se llamaba “El Relato de un Náufrago”.
-Eso, eso, respondió Juan.
El caso es que Gabriel García Márquez con “El Relato de un Náufrago”, se convirtió en el cuarto cómplice de esta historia. Juan Camilo leía y releía el relato del ahogado) como le dice. Compartía y discutía con su tutora, pero más con su conciencia, su corazón y su cerebro y entre todos lograron construir el relato corto titulado “Los 4 Tunjitos”.
La profesora Gloria Ustman cuenta que fue un año y medio de trabajo, por días y por partes, puliendo, leyendo, releyendo, buscando la palabra exacta, consultando el libro del ahogado y el espíritu de su autor, hasta que Juan Camilo logró concluir el relato.
Ya con la historia terminada, llegó la oportunidad y el momento de enviarla al concurso nacional de relato, “Campesino Lector”, que promueve y patrocina La Radio Nacional de Colombia.
Llamada sorpresa
El tiempo fue transcurriendo muy rápido.
Ni Juan Camilo, ni su madre, ni su tutora, recibían noticias del concurso “El Campesino Lector”. Estamos casi seguros que Gabriel García Márquez conocía la noticia, pero no dijo nada.
La espera se les hizo tan larga como la lucha del náufrago hasta llegar a la orilla, o como las tantas noches con sus respectivos días, narradas por García Márquez en “Cien años de soledad”.
Pero a diferencia de la carta que nunca le llegó al protagonista de “El Coronel no tiene quien le escriba”, por fin, el sábado 25 de febrero de 2023, recibieron la llamada esperada.
Juan Camilo es el ganador del concurso nacional de relato corto “Campesino Lector”, categoría infantil, con “Los 4 Tunjitos”. Así les dijeron de Radio Nacional de Colombia. El premio será entregado en los próximos días.
Por ahora concluiremos afirmando que en una escuela de la vereda Las Amarillas de Piedecuesta, un niño campesino de 11 años (tenía 10 cuando escribió la historia), escribió su primer relato y ganó su primer premio.
Nada nos puede impedir soñar conque Juan Camilo se convierta en el sucesor de grandes plumas colombianas, entre ellas la del gran Gabriel García Márquez, cuya obra y cuyo espíritu contribuyeron al éxito de “Los 4 Tunjitos”.
Agradecimiento
Ciudad Florida no hubiera podido contar esta bonita historia, de no haber sido por Laura Lisette Duarte Ustman, la campeona nacional del concurso de bailadores de cumbia e hija de la docente Gloria Ustman. Laura nos puso al tanto de esta noticia altamente positiva y nos apoyó con materiales y contactos. Ella nos proporcionó las fotografías.

Los Cuatro Tunjitos
(Relato ganador)
En una vereda lejana del municipio Piedecuesta cuyo nombre es Las Amarillas, una familia de apellido Castellanos muy numerosa, que se dedicaban al trabajo del campo, cultivando cilantro, maíz, yuca, naranjas, limones, aguacates, etc., tenían en su potrero 3 vacas, que las cuidaban para el aprovechamiento de la leche, unas cabras y caballos.
La costumbre de la familia es reunirse cuando llegaba las visitas alrededor del fogón de leña, allí preparaban su café al tizón de la candela, amasaban el maíz y preparaban arepas asadas, todos compartían en paz y unión, ayudándose unos a otros, y trataban todo lo que les sucedió en la semana.
Entre vecinos eran solidarios, pero cierto día llegó una familia extraña, misteriosa, miraban con un rostro de resentimiento, porque ellos sembraban y enseguida la plaga llegaba y demolía la cosecha. Estos vecinos no compartían, eran amargados, llevaban una vida muy opaca, vacía, apáticos.
Los frutos de los árboles salían picados de bichos raros, y no se podían consumir, pero era una familia resentida, hablaban mal de la gente y siempre pensaban que a todos les fuera mal en sus cosechas, en el trato familiar, hasta deseando la muerte a los vecinos. Ellos no se reunían parecían islas independientes.
En cambio empezaba la época de navidad, había alegría, regocijo, sueños y los preparativos del pesebre, la preparación de la novena al Niño Dios y sortearon los 9 días y le correspondió a la familia Talero, los que habían llegado como raros, pero entre todos se propusieron de hacerles magia para que cambiaran de actitud, de su modo de pensar, llamando los niños a que se integraran a jugar con buenos valores de respeto, tolerancia, amor, aceptación, la resiliencia para un cambio positivo.
Sin embargo, la noche anterior a la oración de la novena de Navidad, la señora Olinta Castellanos salió de su casa a las 9:00 pm a buscar una plantita de albahaca para preparar una infusión para su hijo Juan Camilo, se encontraba con un fuerte dolor de estómago, y así fue como la señora Olinta desesperada caminaba y caminaba muy lejos ya oscuro el camino, cuando de pronto vio unas lucecitas eran como 4 niños, eran unos tunjos dorados, resplandecientes, brillaban como el oro.
-Yo corría y más me perseguían hasta el punto que me acorralaron y manifestaron por señas y gestos que eran buenos y que traían un mensaje de los dioses, ya que se habían ubicado en estas tierras de Planadas, Miraflores, Amarillas, Polo, Zaragoza. Porque hace más de 80 años habitaron familias trabajadoras que lo que recogían de sus cosechas, enterraban la plata en el patio de las casas, sin disfrutarlo a un mejor bienestar.
Por eso, nosotros los tunjos te traemos el mensaje, para que la señora Olinta lo multiplique, y a la vez irradie alegría, convivencia familiar con los vecinos y tengan cultura ciudadana, siempre ayudándose por el bien de la comunidad y evitar hablar mal de la gente, que no se saca nada beneficioso y si se devuelve la ruina el que envenena la gente. La señora Olinta primero reunió todos los niños de la región, para organizar un torneo deportivo, para que todos se integraran, y logró que los niños Talero fueran por curiosidad y les gustó compartir con niños de la misma edad, especialmente a cuidar las plantas, mantener cultura ambiental, y siendo así se animaron a integrarlos.
La señora Olinta salió corriendo, protegiendo a su hijo Juan Camilo, y desde ese día compartieron buñuelos, jugaron y alrededor del fogón de leña batieron un delicioso chocolate, que deleitaron y sellaron para siempre ser uno sólo por el bien de todos y así sus veredas progresaron en sus tierras, animales, entorno de toda la naturaleza creada por Dios.
Donde concluyeron que la unión hace la fuerza, y que todos trabajan por el bienestar comunitario y así todos felices se identificaron con valores que les ayudó a crecer en su personalidad.
Autor: JUAN CAMILO CASTELLANOS SANTAMARIA
Estudiante Colegio Cabecera del Llano Sede “C” Las Amarillas
Edad: 10 años
