Hace 194 años murió en Santa Marta el Libertador de América, Simón Bolívar. Foto: Archivo
Gerardo Castro Pérez
El 17 de diciembre de 1830, con apenas 47 años de edad, murió en la ciudad de Santa Marta el más grande hombre de América de todos los tiempos,y uno de los personajes insignes de la historia universal: Simón Bolívar.
Nació en Caracas el 24 de julio de 1783, misma ciudad en la que fue bautizado con el nombre de Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco.
En mayo de 1830, agobiado por el desorden político producido por los separatistas opositores a la unión de los países de América, más las infames traiciones que le hicieron, entre otros, Francisco de Paula Santander, y visiblemente enfermo, Bolívar pidió al Congreso de Bogotá que aceptara su renuncia como presidente de la Gran Colombia.

Simón Bolívar, libertador de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Panamá, fue la figura más destacada en la Independencia hispanoamericana. Su liderazgo en la lucha por la independencia de estos países duró cerca de 20 años.
Ya en Santa Marta, en el mes de diciembre de ese mismo año, 1830 y menguada aún más su salud, recibió posada en la hacienda de San Pedro Alejandrino en la que pasó sus últimos días.
Allí, postrado en cama dijo: “Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiábais de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado: mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono”.
Y al acercarse su último día, el 17 de diciembre de 1830, Simón Bolívar dictó al escribiente la que fue su última proclama la cual tituló:
A los pueblos de Colombia

El sueño de Bolívar era el de la unión de las repúblicas de la América del sur para hacer de este continente una potencia. Como visionario que lo fue, sabía, que estos países actuando separados, se convertirían en el patio trasero de América del Norte.
Habéis presenciado mis esfuerzos para plantear la libertad donde reinaba antes la tiranía. He trabajado con desinterés, abandonando mi fortuna y aun mi tranquilidad. Me separé del mando cuando me persuadí que desconfiáis de mi desprendimiento. Mis enemigos abusaron de vuestra credulidad y hollaron lo que me es más sagrado, mi reputación y mi amor a la libertad. He sido víctima de mis perseguidores, que me han conducido a las puertas del sepulcro. Yo los perdono.
Al desaparecer de en medio de vosotros, mi cariño me dice que debo hacer la manifestación de mis últimos deseos. No aspiro a otra gloria que a la consolidación de Colombia. Todos debéis trabajar por el bien inestimable de la Unión: los pueblos obedeciendo al actual gobierno para libertarse de la anarquía; los ministros del santuario dirigiendo sus oraciones al cielo; y los militares empleando su espada en defender las garantías sociales.
¡Colombianos! Mis últimos votos son por la felicidad de la patria. Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la Unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro.
