El mandatario colombiano, Gustavo Petro, acaba de darle al mundo una lección de dignidad, respeto a la no injerencia y rechazo total al imperialismo estadounidense. Fue el presidente electo por los colombianos, el primero en rechazar las pretensiones de Donald Trump de despojar a Panamá del canal interoceánico, traspasado al país centroamericano a través del Acuerdo Torrijos-Carter firmado en 1999.
“Hasta las últimas consecuencias estaremos al lado del pueblo panameño”, dijo Gustavo Petro. Esta sentencia es una respuesta dura y clara frente a un mandatario electo por los estadounidenses, que pretende renovar la historia de un país que hizo del injerencismo y el despojo, un derecho y una herencia imperialista.
Valiente y admirable es también la posición del presidente panameño, Raúl Mulino, quien respondió a Trump afirmando, sin ambigüedades, que cada metro del canal de Panamá es de los panameños.
Recordemos que el canal de Panamá, construido por Estados Unidos en 1914, es producto de un doble robo. EE UU, con el apoyo y la complicidad de los gobernantes de turno en Colombia, despojaron a nuestro país de lo que hoy es Panamá, con el único propósito de construir un canal administrado por quienes usurparon la tierra y construyeron una obra a la medida de sus intereses imperiales.
Tras una larga lucha, los panameños obtuvieron el control del canal en 1999 y, desde entonces, administran sus tarifas y su soberanía. Hoy, esas conquistas son groseramente objetadas por un magnate que no sabe de respeto a los mínimos principios en los cuales se basa la legalidad.
Con el mismo descaro con que quiso desconocer la decisión de los estadounidenses que votaron a Joe Biden en el cuatrienio pasado, Trump aspira ahora a desconocer el Acuerdo Torrijos-Carter que le devolvió el canal de Panamá a sus únicos dueños: los panameños.
La voz de protesta del presidente colombiano, frente a las insultantes declaraciones de Trump, debe ser defendida y respaldada por cualquier presidente latinoamericano y cualquier ciudadano que crea en la democracia y en el derecho que tienen los pueblos a defender su soberanía y su libre determinación.
La historia de América Latina ha estado marcada por la resistencia contra la opresión externa, y este momento exige unidad y acción conjunta.
Al imperialismo grosero de Trump, no le cederemos ni un centímetro.
