Stiven David Garzón Guzmán, de 14 años, fue encontrado muerto en el Catatumbo tras meses de angustia. Sus dos compañeros aún están desaparecidos.
En un desenlace trágico que ha conmocionado al Magdalena Medio, fue hallado el cuerpo sin vida de Stiven David Garzón Guzmán, uno de los tres adolescentes desaparecidos en septiembre de 2024 en Morales, sur de Bolívar. El joven de 14 años fue encontrado en una morgue de Cúcuta, tras haber perdido la vida presuntamente en medio de un enfrentamiento armado en el Catatumbo.
El hallazgo se produjo en el kilómetro 25 de la vía Betas-Tibú, en Norte de Santander, según información preliminar obtenida por los familiares. “Nos confirmaron la muerte de uno de ellos. Lo trajimos a casa. Lo encontramos en la zona del Catatumbo. Nos dijeron que murió en medio de un enfrentamiento”, relató el padre de uno de los menores que aún está desaparecido.
Un reclutamiento forzado y una tragedia anunciada De acuerdo con los familiares, Stiven y los otros dos menores —Jhonier Revueltas y Leidy Nicol Llanes— fueron reclutados por un grupo armado ilegal que opera en la región. Los adolescentes alcanzaron a comunicarse con sus familias en los días posteriores a su desaparición, indicando que se encontraban en el Catatumbo. Sin embargo, tras semanas de silencio, la incertidumbre se transformó en luto al confirmarse el fallecimiento de Stiven.
“Ya sabíamos que los habían reclutado. Lo único que pedimos como familia es que nos digan qué pasó con los otros dos niños, que nos los devuelvan”, expresó el padre de Jhonier.
El día de la desaparición El 30 de septiembre de 2024, los tres adolescentes informaron a sus familias que se reunirían para adelantar un taller escolar. Esa fue la última vez que sus padres los vieron. Días después, las familias descubrieron que los jóvenes habían comprado tiquetes hasta Aguachica, lo que generó críticas hacia la cooperativa de transporte de Morales por haber permitido que tres menores viajaran solos sin supervisión.
“Preguntamos y corroboramos que ellos compraron tiquetes hasta Aguachica. Hoy decimos que fue un actuar irresponsable de la cooperativa de transporte de Morales. Quizás si no les venden esos tiquetes hoy la historia sería distinta, ni Stiven estaría muerto ni nuestros hijos seguirían desaparecidos”, dijo el padre de Jhonier Revueltas.
Señales de alistamiento forzado La madre de Stiven recordó con angustia los últimos días antes de su desaparición. Vecinos habían reportado la presencia de un hombre que buscaba reclutar a menores, ofreciendo dinero y falsas promesas de trabajo. Posteriormente, las familias encontraron conversaciones en las redes sociales de los adolescentes, en las que se evidenciaban ofertas de un millón de pesos a cambio de unirse al grupo armado.
Angustia y búsqueda Mientras las familias le dan el último adiós a Stiven, la incertidumbre por el paradero de Jhonier y Leidy Nicol persiste. Las autoridades han ofrecido una recompensa de hasta 20 millones de pesos a quienes brinden información que permita localizar a los menores desaparecidos.
Un llamado urgente a la justicia El caso de estos adolescentes resalta la vulnerabilidad de las comunidades rurales en regiones afectadas por el conflicto armado. Organizaciones sociales y defensores de derechos humanos han exigido mayor presencia del Estado para prevenir el reclutamiento forzado y proteger a los menores.
“Es indispensable que se esclarezcan los hechos y se haga justicia. Este caso no puede quedar en la impunidad”, afirmó María Fernanda Gutiérrez, vocera de Humanidad y Paz.
Las familias de Jhonier Revueltas y Leidy Nicol Llanes continúan aferradas a la esperanza de encontrarlos con vida, mientras el recuerdo de Stiven se convierte en un triste recordatorio de los efectos devastadores del conflicto armado en Colombia.
