Este domino en la noche, Colombia dio por superado el impasse con Estados Unidos. Foto: Presidencia
Misael Salazar F.
Este domingo, cuando los colombianos se disponían a dormir con la incertidumbre de unas relaciones diplomáticas y económicas hechas trizas con los Estados Unidos, una delegación colombiana liderada por el canciller saliente, Luis Gilberto Murillo, proporcionó la buena noticia al país.
Tras largas horas de una intensa guerra diplomática que comenzó muy temprano, cuando Gustavo Petro hizo devolver un avión militar estadounidense con migrantes colombianos ilegales, se logró un acuerdo que regresó las aguas al cauce y calmó los ánimos entre Colombia y su principal socio comercial, Estados Unidos.
Durante todo el día, la batalla verbal y las amenazas entre ambos gobiernos, acompañaron las horas más complejas de la relación bilateral entre ambas naciones, producto de un desacuerdo sobre la forma como debe producirse la deportación de ciudadanos colombianos.
Pero mientras Petro y el gobierno estadounidense libraban una guerra de acusaciones y alzas arancelarias a los productos que cada quien importa y exporta, mientras el Departamento de Estado suspendía las visas para los colombianos que aspiran ingresar a Estados Unidos y mientras la oposición colombiana lanzaba gritos desde la gallera, la diplomacia colombiana hacía intensas gestiones para regresar a los tiempos tranquilos.
Sobre el mediodía de un domingo ajetreado, el presidente Gustavo Petro convocó al Palacio de Nariño a dos figuras del alto gobierno: El canciller saliente, Luis Gilberto Murillo y la canciller entrante, Laura Sarabia Torres.
Nunca se supo si el embajador de Colombia en Estados Unidos, Daniel García- Peña estaba en Bogotá o regresó a la capital colombiana en medio de la crisis, pero apareció el domingo en la noche haciendo equipo con el resto de la alta delegación colombiana en la que también se hallaban el joven ministro de Industria y Comercio, Luis Carlos Reyes y el vicecanciller Jorge Rojas.
Esta delegación, encabezada por el canciller Murillo, sorprendió a los colombianos con una rueda de prensa, donde anunciaba que Colombia daba por superada la primera gran crisis con el gobierno recién estrenado de Donald Trump.
La base fundamental del acuerdo fue que Colombia pone a disposición del gobierno de los Estados Unidos, el avión presidencial para trasladar a los ciudadanos deportados y dejó claro que en ningún momento aceptará un trato indigno para los compatriotas deportados.
El Departamento de Estado debió tomar nota del reclamo colombiano, máxime cuando ya Brasil había protestado por el mismo trato inhumano para sus ciudadanos deportados y cuando la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, amenazaba con cerrar la base militar estadounidense de Palmarola, si Trump insiste en la deportación de ciudadanos hondureños y la presidenta de México insistía en el aporte valioso de la mano de obra y el talento mexicanos en el crecimiento y desarrollo de la economía estadounidense.
La conclusión es que luego de un día muy movido políticamente, antes de concluir el domingo 26 de enero, Colombia anuncia que ha sido superado el impase con los Estados Unidos y se espera que desde este lunes cese la turbulencia y las aguas regresen al cauce tranquilo, aunque con Donald Trump en la presidencia nada parece destinado a la calma y el sosiego.
Gustavo Petro deberá acostumbrarse a transitar el resto de su mandato en aguas turbulentas, por cuanto los nuevos inquilinos de la Casa Blanca se creen destinados a dominar el mundo según sus propios apetitos y exageraciones.
Con Trump como presidente, nada parece conducirnos por caminos perfectamente transitables. Lo impredecible marcará la pauta en las relaciones colombo -estadounidenses.
