El maltrato del que fue objeto "La Gorda de Botero", merece el rechazo de todos. Foto: Alcaldía de Bucaramanga
Misael Salazar F.
La mujer de los pies desnudos” o “La Gorda de Botero”, como todos la conocemos en Santander, es un ícono de la Ciudad Bonita, un bien cultural de los bumangueses y los santandereanos.
Que las políticas públicas hacia la mujer no sean del todo aceptadas por las damas y que ello merezca la protesta, es una posición que debemos respetar. Que las mujeres marchen contra el maltrato, la violencia de género, el feminicidio y la violación de muchos de sus derechos, es algo que, por ser tan cierto y tan visible, merece ser visibilizado y las marchas y protestas son una forma de hacerlo.
Pero una cosa es la protesta y la marcha. Otra muy distinta es vandalizar un ícono cultural, un referente como “La Gorda de Botero”, del gran maestro Fernando Botero, orgullo de todos los colombianos.

La administración municipal de Bucaramanga en pleno rechazó el acto contra «La Gorda de Botero». Foto: Ciudad Florida
Dicho por las autoridades de la alcaldía de Bucaramanga, restaurar “la Gorda de Botero”, dejar esta obra como estaba antes del 8 de marzo, podrá costar entre 40 y 50 millones de pesos.
– ¿De dónde saldrán esos recursos?
Pues de otros programas como los estímulos culturales, iniciativa de la alcaldía de Bucaramanga cuyo objetivo es incentivar la escritura, la literatura, la danza, el teatro y el cine, entre otras manifestaciones.
Al final los perdedores son muchos: El arte, los artistas, el turismo, los bienes culturales de la ciudad de Bucaramanga.

«La Gorda de Botero» no merece el trato que le dieron. Foto: Alcaldía de Bucaramanga
Esperamos que quienes vandalizaron la obra de Botero, no hayan sido parte de las mujeres que salieron a marchar en defensa de sus derechos.
Y si quienes lo hicieron fueron personas infiltradas que solo buscan el caos y el desorden, igual quedamos muy mal porque no solucionamos nada destruyendo lo que existe.
Y lo que vandalizaron fue nada más y nada menos que una obra monumental del más destacado de los artistas colombianos.
Como único recurso nos queda la protesta contra quienes atentaron contra un bien cultual, como si la magna obra, como si La Gorda de Botero, que no es otra cosa que arte, creatividad, cultura y muestra icónica del más universal de los artistas colombianos, tuviera la culpa de nuestros males y nuestras aspiraciones reprimidas.
Nuestra marcha espiritual es contra los vándalos, porque nada más indefenso, ni más respetuoso, ni más hermoso, que una obra de arte como La Gorda de Botero que adorna el parque San Pio, que sirve de punto de referencia, que llama al turismo nacional e internacional, porque no todas las ciudades colombianas se dan el lujo de tener en sus calles o en sus parques una obra del tamaño, la grandeza y la prestancia de “La Gorda de Botero”.
Quienes la vandalizaron, bien merecido tienen el castigo.
