Falleció uno de los grandes aficionados al fútbol. Foto Benin Web TV
Misael Salazar F.
Como buen argentino, Jorge Bergoglio o el papa Francisco, jamás ocultó su pasión por el fútbol, el deporte de sus amores.
El pontífice que falleció este lunes en la mañana, hora de Italia, 2 y 35 de la madrugada, hora argentina, no solo fue un hincha del fútbol. Fue quizás el mejor hincha de su equipo del alma, el San Lorenzo de Almagro.
Para ir a ver jugar a su equipo, caminaba largos trechos. Para sentirse más hincha del San Lorenzo de Almagro, se convirtió en su socio con el número 88235N-0, coincidencialmente, el número de años que tenía a la hora de su muerte (88) y la hora argentina de su deceso: 2 y 35 de la madrugada del lunes 21 de abril.
Cuando el equipo se coronó campeón de la Copa Libertadores de América, Francisco tuvo la oportunidad de levantar el trofeo. Fue el papa, es cierto, pero nunca dejó de ser un fanático del fútbol, como la mayoría de los argentinos.

Carnet que identificaba al papa como socio del equipo San Lorenzo de Almagro. Foto de AFP tomada de Blu Radio
Por eso no sorprendió a nadie cuando lo consultaron sobre a quién consideraba el mejor jugador de fútbol del mundo y sin dudarlo respondió que Pelé, por encima de Maradona y Messi, sus paisanos.
A nadie debe extrañarle, por lo tanto, que la Asociación de Fútbol de Argentina (AFA), haya suspendido todos los partidos de la liga de este lunes, en señal de duelo por la muerte del líder religioso, pero también por el deceso de un hombre que pegó su alma y su humanidad a este deporte con el que nacen los argentinos.
Es cierto que 1.300 millones de católicos de todo el mundo perdieron a su líder espiritual. Pero también lo es que el fútbol que arrastra a millones de almas en todo el planeta, pierde un hincha, un aficionado, un ser humano al quien el fútbol no le resulto para nada ajeno.

El papa Francisco levanta la copa cuando San Lorenzo de Almagro se coronó campeón de la Copa Libertadores de América. Foto de AFP tomada de Blu Radio
Eso es lo que explica que este lunes no se haya movido un solo balón de fútbol en Argentina. El equipo de sus amores, San Lorenzo, fundado precisamente por el padre Lorenzo Massa, perdió a su socio y uno de sus mejores seguidores.
Pero el fútbol perdió a un amante fiel a este deporte, razón por la cual los balones se quedaron quietos, razón por la que se colgaron todos los guayos, razón por la que las camisetas se resistieron a pasearse por las canchas.
Hoy el fútbol está cabizbajo. Hoy el fútbol no es el del acostumbrado jolgorio, ni el de la gritería, ni el del canto bravo que celebra el gol en la tribuna. El fútbol se apagó está madrugada cuando Francisco sufrió el derrame y un paro cardiorrespiratorio que lo dejó en coma.
Este lunes el fútbol se quedó acompañando el lecho de Francisco. Mañana quizás empiece a recuperar alientos para regresar a las canchas, las tribunas y al alma de tantos fanáticos dispersos por el mundo, pero unidos por ese gran símbolo que es un balón que se asemeja al mundo todo.
Lloran los católicos, lloran los aficionados al fútbol.
