El 4 de agosto de 1819, tres días antes de la Batalla de Boyacá, ocurrió en Charalá, Santander, un enfrentamiento poco reconocido en la historia oficial: la Batalla del Pienta. Allí, civiles del municipio y guerrillas de la región –como la de Coromoro, organizada por Antonia Santos Plata– se enfrentaron a las tropas realistas comandadas por Lucas González.
Aunque algunos combatientes experimentados, como Fernando Santos Plata (hermano de Antonia), ya se encontraban en la campaña hacia Santafé, la población local se alzó en armas rudimentarias, decidida a frenar el avance enemigo. La batalla tuvo lugar en las inmediaciones del río Pienta, sobre cuyo puente se desarrolló gran parte del combate. Del lado patriota, el mando estuvo a cargo de Antonio Morales.
La lucha terminó con una masacre: decenas, incluso cientos de muertos, según lo registrado en el libro de defunciones de la parroquia de Charalá y en relatos transmitidos por historiadores y por la tradición oral. Habitantes de Ocamonte, Encino, Riachuelo, Cincelada y Coromoro también participaron de esta gesta, marcada por la valentía civil ante un ejército entrenado.
A pesar de la devastadora pérdida, la batalla tuvo un efecto estratégico: retrasó el avance de Lucas González, quien no logró unirse a las fuerzas de José María Barreiro en Boyacá. El tiempo perdido por los realistas permitió la victoria patriota en el puente de Boyacá el 7 de agosto, sellando la independencia de la Nueva Granada.
La Batalla del Pienta refleja una fractura entre la historia oficial y las memorias locales, que reclaman reconocimiento. En 2016, la Ordenanza N.º 028 de la Asamblea Departamental de Santander institucionalizó esta fecha como fiesta regional, aunque sigue siendo desconocida para muchos.
Hoy, diversos esfuerzos literarios, teatrales y artísticos en Charalá buscan preservar esta memoria, dignificar a los caídos y defender el lugar que esta batalla merece en la historia nacional.
