La jornada de elección de dignatarios de las Juntas de Acción Comunal comenzó este domingo con despliegue institucional y reportes de normalidad, pero bajo la sombra de denuncias, baja participación histórica y cuestionamientos sobre la transparencia del proceso, especialmente en el área metropolitana de Bucaramanga.
Martín Parra
Desde tempranas horas de este domingo 26 de abril, miles de comunidades en Santander iniciaron la jornada electoral para elegir a los dignatarios de las Juntas de Acción Comunal (JAC), en un proceso que, en el papel, representa uno de los ejercicios de participación ciudadana más amplios del país.
En el departamento están habilitadas más de 3.200 Juntas de Acción Comunal, mientras que en el área metropolitana de Bucaramanga —que integra además a Floridablanca, Girón y Piedecuesta— se concentra una parte significativa del proceso, con cerca de 1.200 juntas en contienda.
La dimensión del proceso evidencia el peso de la organización comunal en el territorio, pero también plantea retos en materia de control, participación y transparencia.
Arranque con control institucional
Uno de los hechos más relevantes en el inicio del proceso fue la activación del Puesto de Mando Unificado (PMU) en el área metropolitana, desde donde autoridades departamentales, organismos de control y fuerza pública realizan seguimiento a la jornada.
El despliegue incluye presencia policial en distintos puntos y coordinación con alcaldías municipales, en el marco del denominado “plan democracia”, con el objetivo de garantizar el orden público y la transparencia del proceso.
El mensaje oficial ha sido de normalidad: una jornada organizada, con logística previamente articulada y sin alteraciones mayores en sus primeras horas.
Un proceso que inicia bajo alerta
Pese al parte institucional, el proceso arranca en medio de cuestionamientos que ya venían desde días previos.
En Floridablanca, por ejemplo, se conocieron denuncias sobre presuntas exclusiones en los procesos de afiliación e incluso señalamientos de intimidaciones entre participantes, lo que elevó la tensión alrededor de algunas elecciones comunales.
Estos antecedentes contrastan con el discurso de normalidad y mantienen el proceso bajo observación en varios sectores del área metropolitana.
El control del censo: la disputa por los afiliados
Uno de los puntos más sensibles del proceso está en la actualización de los libros de afiliados, el instrumento que define quién tiene derecho a votar.
De acuerdo con testimonios recogidos por este medio, en algunos sectores se habrían cerrado inscripciones de manera anticipada o sin suficiente difusión, lo que reduce la posibilidad de participación, especialmente entre jóvenes.
“Si no estás en el libro, simplemente no existes para la elección”, señala un líder barrial del área metropolitana, quien pidió reserva de su nombre.
Tribunales de garantías: ¿árbitros o formalidad?
Otro elemento clave son los tribunales de garantías, encargados de velar por la transparencia del proceso. No obstante, en varios casos se cuestiona su independencia.
Fuentes comunales indican que algunos tribunales estarían integrados por personas cercanas a determinadas planchas o liderazgos, lo que podría comprometer su imparcialidad.
Liderazgos que se repiten
En el área metropolitana, no es extraño encontrar presidentes de JAC que han ocupado cargos durante varios periodos consecutivos o que rotan funciones dentro de un mismo grupo.
Aunque esta permanencia suele ser cuestionada por limitar la renovación, también responde a una realidad reiterada en muchos barrios: la baja participación de la comunidad y la dificultad para consolidar nuevos liderazgos con respaldo ciudadano. En varios sectores, quienes intentan asumir estos roles no logran reconocimiento ni apoyo suficiente, en parte por el escaso trabajo comunal o la falta de continuidad en los procesos.
“Siempre son los mismos. Cambian de cargo, pero siguen mandando”, comenta un habitante de Floridablanca.
Jóvenes: una participación aún marginal
A pesar de los esfuerzos institucionales por incentivar la participación juvenil, la presencia de jóvenes en las planchas sigue siendo limitada.
Entre las principales barreras se mencionan la falta de información, el poco atractivo de los espacios comunales y, en algunos casos, la percepción de que los procesos ya están definidos de antemano.
Mujeres: presencia sin poder decisorio
Aunque la normativa exige la inclusión de mujeres en las planchas, líderes consultados coinciden en que su participación muchas veces se queda en el cumplimiento formal.
En varios casos, los cargos de mayor poder continúan siendo ocupados por hombres, mientras que las mujeres asumen roles secundarios dentro de la estructura comunal.
La sombra de la política
Uno de los temas más sensibles, aunque menos visibles, es la posible incidencia de intereses políticos en las elecciones comunales.
En un departamento con alta dinámica electoral como Santander, algunos líderes advierten que las JAC pueden convertirse en espacios estratégicos para la construcción de apoyos de cara a futuras campañas.
Participación: la gran incógnita
Más allá de las irregularidades, otro desafío clave es la participación. Aunque se espera la movilización de miles de ciudadanos en más de 3.200 juntas en todo el departamento, en varias JAC el número de votantes suele ser bajo en comparación con el total de habitantes del sector.
En otros casos, la existencia de planchas únicas reduce la competencia y convierte la elección en un trámite más que en un ejercicio democrático real.
Entre la oportunidad y el riesgo
Las elecciones de las Juntas de Acción Comunal representan una oportunidad para fortalecer la participación ciudadana y renovar los liderazgos en los territorios. Sin embargo, los desafíos evidenciados en el proceso sugieren que aún persisten prácticas que podrían limitar ese objetivo.
En un momento en el que el país busca consolidar escenarios de participación desde lo local, el desarrollo de esta jornada —que involucra a miles de líderes en más de tres mil organizaciones comunales solo en Santander— no solo definirá quiénes liderarán los barrios en los próximos años, sino también qué tan sólida es la democracia en su nivel más cercano.
