Madre e hija, dos santandereanas separadas por el conflicto, se vuelven a encontrar luego de 33 años. Foto: UBPD, publicada por El Tiempo
Misael Salazar F.
De pronto, como si la vida la hubiera colocado frente al más grande de todos los retos, María (nombre ficticio), se halló completamente sola.
Su padre fue asesinado en una finca del Magdalena Medio, cuando ella tenía 6 años, porque fue esta una de las regiones de Santander más afectadas por el conflicto colombiano que aún no cesa.
Entonces, sin padre, o con su padre asesinado, María tuvo que entender que su madre, Rosa, había desaparecido. Mejor dicho, la habían desaparecido del bajo Simacota. Dejó 4 hijos.
María soñaba y, cuando no soñaba rezaba para que su madre apareciera o regresara. Y en esta larga y tormentosa espera se le pasaron 33 años de vida.

Rosa, la madre y María (nombre ficticio por cuestiones de seguridad), su hija, se reencontraron después de 33 años en Barrancabermeja. Foto de la UBPD, publicada por el Diario El Tiempo
La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD), sede Barrancabermeja, tuvo conocimiento del caso y aplicó los protocolos. Empezó a documentar una de las tantas historias de las cuales tiene registro. Socializaron fotos, preguntaban por Rosa a cuando ciudadano se encontraban, mientras María, su hija, ayudaba en lo que podía y elevaba oraciones y añoraba el momento en que se pudiera encontrar con su madre.
Los días, que se le hacían largos, casi eternos, transcurrían aferrada a la esperanza de reencontrarse con su madre. Pero esos mismos días se fueron convirtiendo en años y estos en lustros y luego en décadas y Rosa nada que aparecía.
La Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas iba acumulando expedientes y el de Rosa iba creciendo, pero sin resultados concretos.
Pareciera que María estaba condenada a esperar 33 años, la misma edad de Jesucristo cuando fue crucificado por Pilatos.
De tanto rezar y confiar en la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas, María supo que el organismo había logrado consolidar la data necesaria y las pruebas y los exámenes para determinar que Rosa había aparecido tras más de tres décadas y preparaba el reencuentro de madre e hija.
María y Rosa tienen absoluta confianza del tiempo que han dejado de pasar juntas, pero al menos han tenido la oportunidad de reencontrarse.
La reportera del Diario El Tiempo que narra esta bonita historia del reencuentro, cuenta que se fundieron en un enorme abrazo, que lloraron y se rieron por todo el tiempo que no lo habían hecho. Saben que 33 años de ausencia obligada son muchos y que a las dos les parecieron toda la vida.
Pero hoy María y Rosa tienen motivos suficientes para celebrar. Rosa es una de las 640 personas que la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas ha logrado encontrar en todo el país.
La vida, que casi siempre es generosa, les ha regalado a estas dos mujeres santandereanas del Magdalena Medio, la oportunidad de volver a vivir y vivir juntas después de tres décadas donde cada una de ellas sufrió de soledad, pero se aferraron a la esperanza de volver a estas juntas como lo están en estos momentos.
La vida castiga, pero también premia y Rosa y María están disfrutando de su premio.
