A las tres de la tarde, en el Mausoleo La Esperanza, sus cenizas recibirán el último adiós por parte de familiares y amigos

Edinson Kleyman Beltrán Jerez
Gerardo Castro Pérez
Referirse a Edinson Kleyman Beltrán Jerez, como persona, es recordar al esposo responsable, al padre ejemplar, al hijo cariñoso, al amigo solidario y al profesional íntegro.
Su quizás corto transitar terrenal transcurrió siempre dentro de los parámetros de la legalidad, la legitimidad, las buenas costumbres y su inocultable deseo de siempre aportar y contribuir a la construcción de una mejor sociedad.
Hace algunos años atrás, cuando Kleyman tuvo que escuchar aquel diagnóstico médico determinándole la existencia de un cáncer en su vientre, su reacción fue la de no amilanarse, ser positivo y encomendarse al Creador. Entonces, viajó a Tierra Santa y allí, en la cuna del Nazareno, pidió al Todopoderoso oportunidad de vida y prometió que durante el resto de su supervivencia cumpliría a cabalidad los mandatos divinos y dedicaría sus fuerzas al servicio del bien común. Y valga decirlo, así lo cumplió.
El político

Kleyman aspiró, sin suerte, a cargos del elección popular. Su mensaje era transparente
Kleyman siempre fue protagonista importante de la política regional. Algunas veces aspiró a cargos de elección popular, con resignación para él, al no ser escogido y pérdida para los electores al no elegirlo. Y sí, es verdad, porque sabido es por quienes lo conocieron, que Kleyman hubiese sido un buen legislador o un excelente alcalde. ¿Y por qué no lo eligieron? Sencillo, porque para él, el ejercicio de la política debía ser transparente, sin mentiras, con honestidad y para el verdadero beneficio de la comunidad. Sus propuestas electorales las presentaba con el corazón en la mano. Hablaba con decencia, el decoro era su premisa y la dignidad su capital. ¿Y qué ocurría?… que las mayorías nunca entendieron su idioma pulcro, exteriorizado desde el fondo de su alma. Lo escuchaban, lo aplaudían y al final preferían votar más bien por el que les daba el tamal o los 20 mil pesos.
El Redentor

Leyman con un grupo de jóvenes recuperados, gracias a su trabajo social
«El Redentor», así se llama el centro terapéutico fundado por Kleyman en el que cientos de personas de diferentes edades, y diversos estratos sociales, con problemas de ludopatía, depresión, drogadicción y alcoholismo, han sido rehabilitados y hoy integrados a la sociedad. Ellos, los recuperados, lamentan con profundo sentimiento la partida de su líder curador y orientador místico, y al unísono confiesan su inmenso agradecimiento por quien les supo brindar una nueva oportunidad de vida.
Testimonio
Entrevistado Aquiles Zambrano para Ciudad Florida, dijo: “Que sea esta la oportunidad de expresar testimonio y contar que después de yo haber caído en la profundidad del peor muladar, por culpa del consumo desmedido de alucinógenos y alcohol, fue el doctor Kleyman quien me abrió la puerta de su institución y aplicando su metodología práctica me curó, convirtiéndome en nueva persona”.
Y así como Aquiles superó aquel demoledor tsunami existencial y renació de las cenizas con la ayuda de Kleyman, son cientos de personas a las que “El Redentor” les permitió ver la luz al final del túnel.
El Profesor
Kleyman tuvo una importante preparación académica. Sus títulos de ingeniero en sistemas y contador público, más las diferentes especializaciones y posgrados, le permitieron ejercer cátedra a nivel universitario y pasar por las aulas notoriamente, habiendo dejado en sus educandos buenos recuerdos del bien enseñar.
Luz Stella Mantilla, exalumna de Kleyman dice: “Como profesor, era una divina persona. Su particular estilo pedagógico hacía que con mucha facilidad se le comprendieran sus conceptos y de verdad, que, a diferencia de otros educadores, sí se preocupaba porque uno aprendiera. Falta, y bastante, nos va hacer. Seguro que lo vamos a extrañar”.
El amigo

Kleyman siempre se distinguió por profesar y actuar el sentido de la amistad con respeto y solidaridad. Su singular estilo en cuanto al trato y la comunicación, hacían de él persona respetuosa y respetable.
Así lo define Vladimir Alberto Sequera Rodríguez: “Kleyman fue un gran hombre. Humilde, trabajador, muy honesto y soñador. Lamento profundamente su partida, pero me siento complacido de su amistad compartida, de haber aprendido de él cosas buenas, y por su forma de ser, haber tenido la oportunidad de interpretar lo que es el verdadero sentido de la franca hermandad”.
Por su parte, Héctor Gustavo Martínez Leguízamo dice: “Es común escuchar la frase que de los muertos todos siempre hablan bien. Pero no. En este caso, y para quienes lo tratamos y conocimos, sí existe mérito real para elogiar la vida y obra de Kleyman. Era su forma de ser, su forma de pensar y actuar lo que lo hacía diferente, y su originalidad, sinceridad y empatía, hacían irradiar grandiosa confianza hacía él. Kleyman la tenía clara, sabía y comprendía a la perfección su limitación física orgánica y al contrario de pretender manifestar fragilidad, su horizonte inspiraba fortaleza. Resumo: De Kleyman sí puedo decir con franqueza que era, amigo de los amigos”.
Ciudad Florida expresa sincero sentimiento de pesar y dolor por tan irreparable pérdida, de quien fuera amigo solidario de esta casa editorial, al tiempo que ofrecemos nuestras condolencias a su señora esposa Leidy Gélvez Trujillo, a su hija Ana María, y en general a toda su distinguida familia.
Kleyman, descanse en paz. Siempre lo recordaremos como un buen hombre digno de emular. ¡Hasta Siempre!
