Gerardo Castro Pérez
Cuando la misión Apolo 11 llegó a la luna, ésta ya tenía dueño, o eso decía él: Un chileno, Jenaro Gajardo Vera. Este letrado nacido en 1919 se convirtió, el 25 de septiembre de 1954 según consta en la documentación oficial firmada ante notario, en «dueño de la luna«.

Salvatore Garau vendió una escultura invisible
Ángeles Durán es una española que sólo pagó una escritura de 5 euros que la hizo acreedora del sol. Explicó que “En las leyes de Naciones Unidas hay un vacío que dice que los países no pueden declararse dueños de estrellas o planetas, pero ello no aplica para las personas naturales”.
Y así como el mundo evoluciona al ritmo de la creatividad e imaginación utópica, ahora nos encontramos con un comprador de una obra de arte invisible, sí literalmente invisible, que no existe.
El autor de esta obra sin iconicidad palpable es el artista plástico Salvatore Garau, quien recibió la no despreciable suma de 15.000 euros por su imaginaria creación titulada “Io sono” que quiere decir “Yo soy”. La puja ocurrió en la casa de subastas de arte moderno Art-Rite de Milán y el comprador se llevó a su casa un certificado que describe a la obra como una “escultura inmaterial” cuyas medidas irreales son de aproximadamente 150 X 150 cms.
En entrevista al periódico ABC de Madrid, dice Salvatore Garau: “Más que esculturas invisibles, las definiría como esculturas inmateriales. Mi fantasía, entrenada toda mi vida para sentir diversamente lo que existe en torno a mí, me permite “ver” lo que aparentemente no existe. Las esculturas inmateriales son obras que siento físicamente”.
En Colombia también existen “artistas” reconocidos que han sido capaces de construir imaginariamente obras civiles y cobrar miles de millones de pesos por ellas. Aquí se les llaman “elefantes blancos”. Y qué decir de los políticos tradicionales, que cada cuatro años, voz en cuello, promocionan y “venden” ilusiones ficticias compradas siempre por incautos electores.
Volviendo a Salvatore Garau, él sí, apoyado por el Instituto de Cultura Italiano, a diferencia de los artistas colombianos siempre huérfanos de mano gubernamental amiga, ahora en New York presenta otra de sus esculturas invisibles titulada “Afrodita Pinage” (Afrodita Llora) y ésta, imaginariamente, reposa en el suelo dentro de un círculo blanco. Claro, para apreciar el arte en toda su dimensión, el observador debe físicamente ver el círculo blanco en el piso e imaginariamente dentro de él apreciar la fantástica escultura.
Y termina diciendo Garau al ABC: “… Además, el vacío no es otra cosa que espacio lleno de energía, incluso si vaciamos el vacío y solo queda la nada, según el principio de indeterminación de Heisenberg, nada tiene peso. Por tanto, tiene energía que se condensa y se convierte en partículas”.
La teoría idiomática nos define que “el arte es entendido generalmente como cualquier actividad o producto realizado con una finalidad estética y también comunicativa, mediante la cual se expresan ideas, emociones y, en general, una visión del mundo, a través de diversos recursos, como los plásticos, lingüísticos, sonoros, corporales y mixtos”. Claro, esta, tan filosófica definición, cuajaba a la perfección en otrora época. Hoy, desgraciadamente imbuidos meramente en conceptos materialistas forjados en las calderas del capitalismo, han hecho transmutar el arte a la conversión de vulgares mercancías.
