Misael Salazar F.
¡Quién iba a pensarlo!
Hace siete meses, Pedro Castillo Terrones era un desconocido en Perú.
Apenas había sido un referente, alguna vez, porque desde su natal Cajamarca lideró una huelga de profesores en reclamo de mejores condiciones laborales y económicas. Ni soñar siquiera con llegar a ser el presidente número 64 de la República.

Pedro Castillo Terrones venció en la segunda vuelta electoral a Keiko Fujimori
En enero pasado era solo uno entre un montón de candidatos con aspiraciones a la presidencia. Las encuestas no le asignaban más de 5 puntos. Parecía imposible que pudiera ocupar algún puesto visible cuando se realizaran los escrutinios de la primera vuelta electoral.
Tres elementos lo catapultaron en las encuestas: Un lápiz, un sombrero y un discurso socialista.
Entre, Pero Castillo y sus asesores de imagen, acordaron que el principal símbolo de su campaña sería un enorme lápiz para recordarle a los peruanos que era un profesor y que la educación es condición sui géneris para la emancipación de los pueblos.
La figura del lápiz se tomó todo el país. Los menos cultos y los más letrados se sentían identificados con el lápiz, aunque al escritor Mario Vargas Llosa le costaba creer que un profesor campesino podría lograr lo que él no pudo.
Castillo hizo campaña por todo el Perú, como si estuviera en Cajamarca cargando pasto para las vacas y enseñándole a los niños desde la misma naturaleza.

Castillo, un presidente de extracción campesina
Para nada dejó el sombrero alón que lo identificaba en su pueblo y departamento natal. Por eso los campesinos peruanos, siempre olvidados por todos los gobiernos anteriores, creyeron posible que con Castillo lograrían la reivindicación.
Mientras más denigraban del profesor con pinta campechana, más campesinos se sumaban a su campaña y con más fervor empuñaban el lápiz, al que veían como instrumento de su liberación.
El apoyo campesino resultó vital para las aspiraciones del profesor cajamarquino. No solo lo encumbraron hasta hacerlo ganador de la primera vuelta, contra todos los pronósticos.
El 6 de junio, cuando se realizó la segunda vuelta electoral, entre Pedro Castillo Terrones y Keiko Fujimori, los primeros sondeos daban ganadora a la hija de Alberto Fujimori, quien desde la cárcel clamaba por el triunfo de quien fuera primera dama durante su cuestionado mandato.
Pero los campesinos e indígenas peruanos se habían vengado del status quo. Había votado hasta el último de ellos, en el último rincón de la accidentada geografía peruana, y como último recurso para empezar a sentirse ciudadanos con derechos y con opción a mejorar su futuro.
Por eso, cada papeleta y cada acta que llegaba desde los recónditos lugares, era como una puntada en el corazón de Fuerza Popular, el partido de Keiko Fujimori.
Al final, los campesinos e indígenas, los descalzos y los sin techo peruanos, fueron llenando de votos la aspiración de Pedro Castillo, hasta acumular más de 8 millones de sufragios para hacerse presidente. Fue el voto campesino el que lo hizo mandatario de los peruanos.
El tercer elemento clave en su victoria fue su discurso socialista. Planteó la necesidad de convocar una Asamblea Constituyente, para otorgarle al país una Constitución que contemple los derechos básicos del pueblo peruano.
Habló de nacionalizar los recursos estratégicos del país para colocarlos al servicio de los más necesitados. Ofreció incrementar el presupuesto a la educación, consecuente con su profesión de educador y docente.
Por eso llegaron a bautizarlo de comunista, castrista, chavista y todos los epítetos que causaran miedo en la población, con el fin de ahuyentar el voto por el cajamarquino.
Nada valió. Los peruanos, cansados de presidentes corruptos, presos y huyendo de la justicia, optaron por jugarse con Pedro Castillo la poca esperanza que les quedaban. Hicieron presidente al hombre del lápiz, el sombrero alón y el discurso socialista.
Hoy asume como presidente
Cuando Perú cumple 200 años de su independencia, Pedro Castillo asume como el presidente número 64 de su país.
Hasta la noche del martes, 27 de julio, habían confirmado su asistencia a la juramentación, los presidentes de Argentina, Alberto Fernández; de Bolivia, Luis Arce Catacora; de Ecuador, Guillermo Lasso; de Colombia, Iván Duque, de Chile, Sebastián Piñera y el rey de España Felipe VI.
Evo Morales, expresidente de Bolivia, también estará presente en la ceremonia junto a los cancilleres de Uruguay y México. Muchos otros países habían confirmado el envío de delegaciones y Brasil anunció que estará representado por su vicepresidente Hamilton Mourao.
Hoy debe comenzar otra historia para los peruanos, cansados del desprestigio al que han sometido al primer cargo público del país, quienes han antecedido a Pedro Castillo Terrones.
