El partido de Uribe Vélez enfrenta problemas para seleccionar su candidato presidencial. Foto: Archivo
Misael Salazar F.
Luego de registrar índices de favorabilidad superiores al 80%, el expresidente y líder del Centro Democrático, Álvaro Uribe Vélez, registró en diciembre pasado el porcentaje de aceptación más bajo de su trayectoria política en los últimos 25 años: 19%.

La mala imagen de Duque también afecta al expresidente y su partido
Se trata de la lectura política más reciente hecha en Colombia por la encuestadora Invamer Poll, que da cuenta del deterioro progresivo de la imagen pública de un líder que llegó a tener tan altos niveles de popularidad.
El rechazo al expresidente ha crecido tanto, en los últimos meses, como aumentaba su ascenso en los momentos cumbres de su esplendor político.
Y su pérdida de popularidad, coincide también con los bajísimos niveles de aceptación de su “hijo político”, Iván Duque, actual presidente de la República. Así como Uribe obtiene su más bajo nivel de favorabilidad de su carrera política, Duque carga con el porcentaje de aprobación más bajo que haya tenido presidente alguno en Colombia.
Es como si el uribismo viviera las horas más bajas en Colombia, en vísperas de procesos cruciales como las elecciones parlamentarias de marzo próximo y las presidenciales de mayo y junio.
The New York Times, el influyente rotativo estadounidense, lo dijo en una de sus ediciones diarias antes de finalizar el 2021: El uribismo enfrentará procesos electorales de vital importancia, en uno de los peores momentos de su trayectoria política.
Palabras más, palabras menos, el rotativo vaticinó la mayor debacle del uribismo, en las elecciones pautadas para el primer semestre del año 2022 en Colombia.
Las causas de la crisis
Contribuyen al escaso margen de favorabilidad que hoy acompaña al expresidente Uribe Vélez y al uribismo, varios factores:
El primero de ellos, los múltiples escándalos en que se ha visto envuelto el exmandatario, con varios procesos judiciales abiertos en su contra. Uno de ellos, el de la supuesta manipulación de testigos, lo obligó incluso a renunciar a su curul como senador, con el propósito de “huir” de la Corte Suprema y quedar bajo investigación de la Fiscalía, donde supone que tendrá mejor suerte.
Segundo: Existe suficiente claridad en Colombia, de que Uribe Vélez es responsable, directo o indirecto, de más de 6.000 casos de víctimas de la violencia del Estado, ocurridos durante sus mandatos. Reposan en instancias judiciales, testimonios de mandos medios del Ejército colombiano, quienes afirman haber recibido órdenes superiores para proceder con falsos positivos, con el fin de agrandar las cifras de supuestos guerrilleros dados de baja y, justificar con ello, los dineros que ingresaban al país por cuenta del denominado Plan Colombia y la seguridad democrática, liderada por Uribe Vélez para la lucha antisubversiva.
Tercero: La pobrísima gestión de Iván Duque, al frente del gobierno colombiano, no ha hecho otra cosa que contribuir al deterioro de la imagen de su mentor, Uribe Vélez y por ende del uribismo.
La presidencia de Duque se ha caracterizado por escándalos de corrupción que parece decirles a los colombianos que estamos frente a un gobierno donde la trampa es la consigna. Una ministra acusada de desaparecer 70.000 millones de pesos destinados a la conectividad en las escuelas, otra ministra acusada de plagiar su tesis de grado, un Fiscal que gasta 110.000 pesos en cada cena o cada almuerzo a costa de los colombianos, otro ministro que justifica el asesinato de niños detenidos en cambuches de movimientos disidentes de las FARC, todo ello contribuye a favorecer el escaso apoyo que hoy tiene Uribe Vélez de los colombianos.
A ello se suman hechos como el de la Procuradora que acaba de aprobar 1.200 empleos en el organismo, en plena crisis pandémica y los abusos de la fuerza pública, en 2021, enfrentando las protestas de los colombianos contra una reforma tributaria que al final fue retirada por Duque, gracias a la presión popular.
Todo este panorama indica que el uribismo enfrentará en dos meses unas elecciones parlamentarias y en 5 y 6 meses las elecciones presidenciales, con el viento totalmente en contra.
A simple vista, leyendo las encuestas, todo apunta a que el uribismo y su líder, serán los grandes derrotados electoralmente en Colombia.
