Misael Salazar F.
Desde el pasado 20 de enero, un visitante incómodo atenta contra la paz y la reputación de quienes habitan en Florida.
Pero antes de esa fecha, el huésped era bienvenido. Todos querían saludarlo. Asistían incluso a las reuniones que él organizaba y buscaban la forma de tomarse fotos en su compañía, para que el mundo supiera con quién estaban y de qué lado estaban.
Era entendible: El visitante tiene dinero y bastante. Era muy famoso. Conocido y reconocido. Tiene muchas propiedades en Florida. Y, como además de adinerado, decidió incursionar en la política, hizo de Florida su bunker, su lugar de descanso preferido, su centro de reuniones políticas, incluso, el sitio donde llegó a tejer un mundo de relaciones económicas y políticas que reorientaba hacia el resto del país y el mundo.
Florida respira, desde el 20 de enero, un aire de inconformidad por la presencia del visitante. La incomodidad ha llegado hasta la municipalidad, a la que solicitan averiguar si el personaje cumple con las normas del club social donde actualmente se halla hospedado.
Cuando el personaje disfrutaba del aprecio de los habitantes de Florida, construyó un club social con otros 500 socios. Pero, como todos sabemos, cada integrante, puede disfrutar allí, de cierta cantidad de días al año, por cuanto se supone que todos los adquirientes tienen igualdad de oportunidades.
Es obvio que antes de caer en desgracia, el hoy poco querido y apreciado personaje, violaba las reglas del exclusivo clubo social.
Permanecía allí el tiempo que quería o que le era necesario. Solo que el 20 de enero pasado perdió el empleo que tenía: Presidente de los Estados Unidos y ese mismo día, antes de la ceremonia de transmisión de mando, voló a Florida, a su exclusivo club social Mar-a-Lago, una propiedad que adquirió en 1985 y convirtió en su lugar de residencia fijo desde que dejó la presidencia.
Pero eran otros tiempos. Hoy el habitante incómodo ha perdido toda la simpatía que una vez tuvo y nadie, ni siquiera en Florida lo quieren tener de vecino tanto tiempo.
Molestos con quien ya no es de su agrado, algunos socios de Trump en el club, pidieron a la municipalidad de Palm Beach, que revise las condiciones en que Donald Trump decidió construir el club social y se hallan en espera de una decisión. Pero los solicitantes del recurso saben que Trump solo tiene derecho a vivir allí durante 7 días seguidos y tres semanas en total durante un año.
El problema es que el visitante ya perdió todo el aura que lo rodeaba. Ahora es un expresidente duramente cuestionado y solo. Para colmo, debe prepararse porque la próxima semana comienza el juicio político “impeachment”, en su contra, por cuanto lo responsabilizan de los cruentos hechos de la toma del Capitolio, el pasado 6 de enero, porque sus seguidores no estaban dispuestos a que el hoy presidente Joe Biden asumiera el cargo para el cual lo eligieron los estadounidenses el pasado 3 de noviembre.
