Apenas otro agónico empate en el estadio Gómez Hurtado. Foto: Archivo
Misael Salazar F.
Ni siquiera el cambio de estadio le cayó bien al Atlético Bucaramanga.
Nuevamente reina la angustia, el desespero y la intranquilidad en un equipo que el año pasado, por esta época, empezaba a ser el delirio de sus aficionados.
El técnico, Gustavo Florentín, dijo antes del partido frente al Alianza Fútbol Club, que todo estaba muy bien en el equipo leopardo.
Pero la realidad, los partidos, el tiempo en el terreno de juego, parecen decir otra cosa. Este martes, frente a otro colero de la tabla, el Bucaramanga volvió a mostrar sus flaquezas, su déficit futbolístico, su agonía al saberse impotente de hallar el camino de la victoria.
El balance del equipo de casa es terriblemente pobre. Una derrota frente a Chicó (1 a 0), otra frente al América (0 a 4) y otra más frente al Once Caldas (2 a 1). A duras penas se trajo un empate (0 a 0) frente al Deportivo Cali y a duras penas logró otro empate en casa frente al Alianza FC este martes.
De 15 puntos probables, ha alcanzado apenas 2, para un escasísimo rendimiento del 13,3%, balance pírrico para un equipo que apenas unos meses atrás derrochaba fútbol y ocasionaba lágrimas de alegría entre sus fanáticos.
Abajo, en la fosa, el equipo que nos representará en la Copa Libertadores de América, descansa intranquilo con apenas dos puntos producto de dos agónicos empates.
Ningún técnico, salvo Florentín, puede decir que todo está bien en un equipó con una campaña tan escasa de resultados y tan deficitaria de emociones.
