Misael Salazar F.
El entusiasmo fue tan veloz como rápida la decepcionante presentación de Colombia.
Un golazo de Lucho Díaz comenzando el partido y otro de Jhon Jader Durán también temprano, vaticinaban una victoria clara de la selección Colombia sobre los corajudos jugadores paraguayos.
Pero todo fue pasajero. Muy pasajero, además. La alegría que inundó el estadio Metropolitano al comienzo del partido, apenas alcanzó a acariciar el corazón de los aficionados enfundados en la camiseta amarilla.
Lo demás fue tristeza, caras largas, desolación. Un encuentro que pudo haber sido el acercamiento a la clasificación colombiana, se convirtió en otro amargo capítulo para el fútbol colombiano que, ahogándose, intenta llegar al límite clasificatorio para optar por un cupo al Mundial de Fútbol del año entrante.
El técnico Lorenzo suma 4 partidos sin conocer la victoria en la ronda eliminatoria. Mejor dicho: 3 derrotas y un lánguido empate ante Paraguay, que merece los honores por haber sido capaz de agarrarse los testículos y remontar un partido que parecía sepultar su intención de acudir a la cita mundialista.
Primero Javier Alonso y luego Julio Enciso. Estos dos paraguayos se encargaron de callar el grito colombiano en el estadio Metropolitano y la esperanza de millones que desde cualquier parte del territorio juntaban las manos esperando que su selección rompiera el hechizo, saliera del letargo y dejara de jugar a la derrota. Pero nada cambió con respecto a los últimos partidos. Colombia sigue igual: Sin entender que en el fútbol lo que vale es la victoria.
Conclusión amarga: De 12 puntos posibles en las cuatro últimas fechas de la ronda eliminatoria, apenas logramos un punto. Ese rendimiento solo nos alcanza para aspirar el posible sexto cupo. Y si continuamos como vamos, seguramente nos espera el repechaje y quizás ni eso, porque nos falta la enjundia y la verraquera para ganarnos el cupo que nos lleve al Mundial y nos permita soñar con una buena presentación. Porque con ese fútbol, jamás podremos aspirar a mejores oportunidades.
Lo de este martes en el estadio Metropolitano fue otra demostración de que no estamos para grandes cosas.
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