Día de las Madres. Una reflexión más allá del homenaje. Foto: Archivo
Cada mes de mayo, el país se llena de flores, promociones y mensajes emotivos. El Día de la Madre se consolida como una de las fechas más significativas del calendario. Sin embargo, en medio de esa celebración colectiva, persiste una sensación difícil de ignorar: algo no termina de encajar.
Mientras se repiten las palabras de siempre —amor incondicional, entrega infinita—, la realidad de miles de madres continúa marcada por la precariedad, la sobrecarga y la ausencia de apoyos estructurales suficientes.
Celebrar no es el problema. El problema es asumir que con ello basta.
En contextos como el de Floridablanca, la maternidad trasciende el discurso simbólico. Es, en la práctica, una labor cotidiana que implica sostener hogares con ingresos inestables, resolver el cuidado de los hijos en medio de limitadas redes de apoyo, y enfrentar sistemas de salud y educación que no siempre responden de manera oportuna ni eficaz. En muchos casos, además, esta responsabilidad se asume en condiciones de soledad.
Reconocer el valor de las madres no puede limitarse a una jornada anual de homenajes. Cuando el reconocimiento se concentra en un solo día, existe el riesgo de que se convierta en un alivio momentáneo: se celebra, se agradece, se aplaude… y al día siguiente, las condiciones estructurales permanecen intactas.
La vida cotidiana ofrece una evidencia contundente. Son miles las mujeres que, día tras día, se levantan antes que todos, organizan lo urgente y sostienen aquello que no siempre es visible, pero que resulta esencial para el funcionamiento de los hogares y, en consecuencia, de la sociedad misma.
Desde Ciudad Florida, no buscamos únicamente sumarnos a la conmemoración, sino aportar a una reflexión más profunda sobre el significado real de la maternidad en nuestro entorno.
Más allá del homenaje, la pregunta sigue abierta: ¿qué tanto estamos respaldando, como sociedad, a quienes sostienen la vida todos los días?
