Martín Parra
1. El corazón del Jueves Santo: memoria, servicio y oración
La Iglesia Católica celebra el Jueves Santo como uno de los momentos más solemnes de la Semana Santa. Este día se conmemora la institución de la Eucaristía, cuando Jesús compartió el pan y el vino en la Última Cena, gesto que dio origen al sacramento central de la fe cristiana. También se revive el lavado de pies, un acto de humildad y servicio, y se recuerda la intensa oración de Jesús en el Huerto de Getsemaní, donde aceptó el sufrimiento que estaba por venir.
Es un día profundamente simbólico, que une liturgia, silencio, comunidad y preparación espiritual para el misterio de la Pasión.
2. Los siete potajes: una tradición que se cocina en familia
Desde hace generaciones, muchas familias en Colombia han traducido ese mensaje de comunión y sobriedad en una tradición gastronómica profundamente simbólica: los siete potajes del Jueves Santo.
Esta comida, servida generalmente después de asistir a los oficios religiosos, consiste en siete platos sin carne roja, preparados con ingredientes locales y mucho significado:
El número siete puede representar las siete palabras de Cristo en la cruz, los siete dolores de la Virgen o simplemente la plenitud espiritual.
Es una forma de ayuno compartido, donde la mesa se convierte en altar y la cocina en liturgia.
Los menús suelen incluir sopa de pescado o bagre, arroz con coco, fríjoles, plátano maduro, yuca sudada, ensaladas frías y dulces de temporada como arroz con leche o brevas.
3. Cuando la fe se sienta a la mesa: celebraciones similares en otras religiones
La conexión entre comida y espiritualidad no es exclusiva del cristianismo. Varias religiones del mundo comparten la práctica de preparar comidas rituales cargadas de simbolismo:
Pésaj (Pascua judía): El Séder es una cena ceremonial que narra la liberación del pueblo hebreo, con alimentos simbólicos como hierbas amargas, pan sin levadura y vino, guiados por la lectura de la Hagadá.
Iftar (Islam): Durante el Ramadán, los musulmanes rompen el ayuno diario con el iftar, una comida que comienza con dátiles y agua y se convierte en un acto comunitario de fe y generosidad.
Navaratri (Hinduismo): En esta festividad, se preparan alimentos puros (sáttvicos) como ofrenda devocional, en ayuno o con ingredientes restringidos, en honor a la diosa Durga.
En todas estas tradiciones, la comida se vuelve sagrada: un acto de memoria, agradecimiento y renovación espiritual.
4. Entre el alma y la olla: una tradición viva en la mesa y en la calle
Más allá de la esfera familiar, la tradición de los siete potajes ha encontrado nuevas expresiones comunitarias en la región. En varios municipios del área metropolitana de Bucaramanga, la Semana Santa se vive también en los sabores que ofrecen los festivales gastronómicos:
Floridablanca celebra el festival “A Comer en Florida” (14 al 20 de abril), donde 16 restaurantes ofrecen fritanga, carne oreada, pepitoria y guarapo, exaltando la cocina criolla.
En Piedecuesta, la “Ruta de los 7 Potajes” y las «Feria gastronómica y emprendimiento Arte, Sabor y Tradición» actividades que promueven menús especiales del 13 al 26 de abril, con entradas, platos fuertes y postres a precios accesibles.
Girón lanza su Ruta Santa Gastronómica (12 al 16 de abril), con recorridos por restaurantes y cafés, y el Festival del Dulce el 18 de abril en el Malecón.
Bucaramanga, por su parte, ofrece más de 50 actividades dentro del programa BucaraSanta 2025, con muestras culinarias en espacios públicos, templos y plazas de mercado.
Así, entre el alma y la olla, entre el templo y la cocina, el Jueves Santo sigue siendo una oportunidad para renovar la fe desde lo más sencillo y esencial: compartir el pan, la palabra y el amor.
