Han transcurrido 11 días del fallecimiento de Luz Dary Surmay y no se conocen las causas de su deceso. Foto suministrada
Misael Salazar F.
A Leiland Surmay, hermana de Luz Dary Surmay, todavía se le nota la nostalgia por la muerte de su hermana.
La tristeza acompaña su rostro. El recuerdo de su hermana la persigue, a pesar que del accidente fatal ya han transcurrido 11 días.
Desde que la trabajadora de TRO falleciera en circunstancias aún no aclaradas, ha pasado un tiempo justo como para que las autoridades proporcionen alguna noticia acerca de la forma como sucedieron los hechos y si hay algún responsable detenido.
Leiland, ni sus hermanos, ni sus padres, que viven la ausencia de Luz Dary en Pelaya (César), donde nació y fue sepultada, se conforman con el silencio de los encargados de la investigación, los funcionarios del CTI de la Fiscalía.
Leiland apenas tiene fuerzas para hablar. Vivía con su hermana en Floridablanca, donde lograron estudiar y trabajar desde cuando llegaron de Costilla, un sector de Pelaya. Hoy debe conformarse con el silencio cuando pregunta o se acuerda de Luz Dary. Pero no quiere conformarse con el silencio de las autoridades que investigan o se comprometieron a investigar qué sucedió con su hermana. Con el silencio de Luz Dary le parece suficiente.
Sabe que no podrá recuperarla. “Pero al menos necesitamos saber las causas de su muerte. Si la atracaron o la iban a atracar, las autoridades deben hallar a los responsables. Necesitamos que se haga justicia con mi hermana”, dice, pero otra vez la nostalgia regresa a su rostro. Prefiere callar por un momento mientras recupera el aliento. Es que el dolor de ausencia pesa mucho.
El jueves realizaron una velatón. El objetivo era el mismo. Llamar la atención de las autoridades para que el caso de Luz Dary no pase a los archivos. “Si al menos nos llamaran y nos dijeran cómo van las investigaciones, eso nos serviría de consuelo”, dice Leiland. “Pero nada, ni una llamada, ni un mensaje, nada recibimos de los responsables de la investigación”.
Este sábado sumarán 11 días desde que la trabajadora de TRO, de apenas 36 años, encontrara la muerte y, su familia, la soledad absoluta.
Los investigadores deben saber lo que pesa la soledad y la injusticia.
