Bucaramanga logró un empate en los momentos agónicos del partido. Foto: Conmebol
Misael Salazar F.
Los aficionados leopardos llegaron al Américo Montanini con todas las ilusiones en sus alforjas, pero Fortaleza se encargó de amargarles todo el partido y estuvo a punto de amargarles la noche entera.
Tuvimos que volver a recordar que es casi condición de la hinchada bumanguesa, cargar con el sufrimiento siempre, para al final tener un soplo de alegría que nos devuelve a la vida futbolera.
Anoche fue Deyverson, un experimentado brasileño que suma a la nómica del equipo carioca, quien muy temprano nos puso a sufrir un mundo y nos llevó al camerino con ese inmenso peso de la derrota en las costillas. Sucedió de penal, ante falta de Hinestroza sobre el mismo autor de este gol tempranero que nos arruinó los primeros 45 minutos.
Tras el descanso, otra vez la letanía de ataques e inconcreciones búcaras, frente a una defensa brasileña bien armada para defender el que parecía ser el único triunfo de Fortaleza en lo que va de Copa.
Y el fanático en la tribuna, en la casa o en la fuente de soda sufra y padezca. Y el tiempo en el reloj del árbitro corriendo a raudales y nosotros con la sensación de que ya la guillotina caía sobre nuestro cuello para lanzarnos a los últimos respiros y decir como el poeta chileno Nicanor Parra: Pues que se acabe todo y hasta luego.
Pero no. El fútbol también reporta alegrías corticas, pero las reporta.
Cuando el árbitro miraba el reloj y se percataba que faltaba poco para decretar el final del partido y mandarnos a la paila del infierno, llegó una falta contra los búcaros en el área y decretó una pena máxima a favor de los de la casa.
Ejecutó aparentemente bien Luciano Pons, pero el balón pegó en el travesaño y cayó verticalmente casi más afuera que adentro de la portería defendida por el guardameta brasileño.
Otra vez se alarga el sufrimiento, como si no hubiera sido suficiente con todos los padecimientos de 90 minutos. Era el VAR el que tenía que decidir y comenzaron los segundos y minutos más extenuantes e hijuemadres que tuvimos que soportar.
Al fin el VAR cantó el gol del argentino. Desde el punto penal comenzó el prolongado padecimiento, desde el punto penal llegó el esperado jolgorio, porque el empate nos sacaba del infierno y nos colocaba en el camino de la resurrección.
Ahora si no había excusa para la fiesta. La ley de la relatividad nos enseña, mirándola desde la perspectiva del fútbol, que a veces los empates saben a victoria y el de anoche en el Américo Montanini fue un empate que lo tuvimos que celebrar como una victoria, luego de 90 minutos acariciando la derrota y cargando con ella.
Atlético Bucaramanga, que había perdido parcialmente el liderato del Grupo E, luego del empate entre Racing y Colo Colo en Chile, volvió a la cima de la tabla con 5 puntos, seguido del equipo argentino con 4, Colo Colo con 2 y Fortaleza con un punto que logró llevarse del Montanini.
Otra a vez el destino nos enseña que aún estando en el fondo del precipicio, hay oportunidad para salir de abajo y celebrar siempre las victorias, aunque parezcan pequeñas.
Eso fue lo que nos sucedió este miércoles en el templo del fútbol donde se anidan las ilusiones de los santandereanos.
