Una verdadera guerra de visas se ha desatado entre Estados Unidos y Colombia. Foto: Marca. Collage: Ciudad Florida
Misael Salazar F.
La decisión de Estados Unidos de retirarle la visa al presidente de Colombia, Gustavo Petro Urrego, desató una guerra diplomática entre ambos gobiernos, sin saber a dónde va a concluir esta ofensiva mutua ni cuáles serán sus consecuencias.
Tan pronto se conoció que el Departamento de Estado dejó sin la visa al presidente Gustavo Petro, la canciller, Rosa Villavicencio, renunció a este mecanismo diplomático en solidaridad con el presidente.
Lo propio hizo el ministro de Hacienda colombiano, Germán Ávila. Cada quien, por su lado, tanto Villavicencio, como Ávila, expresaron que no necesitan visa para trabajar por el pueblo colombiano.
La respuesta de Estados Unidos no se hizo esperar. El Departamento de Estado le retiró la visa a Angie Rodríguez (directora de DAPRE), quien estuvo con Petro en la protesta realizada en Nueva York contra lo que el presidente colombiano califica como el genocidio israelí en Palestina.
Posteriormente, Estados Unidos le notificó al ministro de Minas, el santandereano, Edwin Palma, que le fue retirada la visa, debido a un viaje que el titular de la cartera de energía colombiana hizo a Venezuela para reunirse con Nicolás Maduro, en nombre del gobierno colombiano.
La fuerte disputa diplomática entre Donald Trump y Gustavo Petro, hasta el día de hoy, ha dejado al presidente y dos de sus ministros despojados de la visa americana, mientras que dos ministros de Petro han renunciado a este mecanismo.
La compleja relación entre ambos países no parece tener una solución rápida, a la vista de los últimos acontecimientos. Al contrario, la respuesta de Petro a la crisis fue tan dura como la presión de Donald Trump: «Nos llena de orgullo no tener la visa de un país, cuyo gobierno apoya el genocidio», dijo el presidente colombiano en su cuenta X.
