Marco Antonio Quintero llegó de Guaca a contribuir con el desarrollo del barrio La Cumbre. Foto: Capture de video.
Misael Salazar F.
La historia del popular y cumpleañero barrio La Cumbre no se puede contar sin un hombre que desde hace 40 años vive en Kendall, Miami, estado de la Florida (EE UU).
Marco Antonio Quintero llegó a Bucaramanga procedente del friolento municipio de Guaca, en García Rovira, como lo hicieron muchos y por los mismos motivos que muchos: Buscando mejor vida y persiguiendo futuro.
En la capital de Santander conoció a la que ha sido la mujer de su vida, Matilde, y en ese momento sintió que había valido la pena la travesía por aquellos caminos que separaban a Guaca de la capital.
El padre de Matilde era un buen constructor y en pago por una de sus obras, recibió un lote en La Cumbre y una incipiente empresa que se hallaba en el centro de Bucaramanga: Chocolate Gironés.
Con la ilusión de hacer empresa, Marco Antonio y Matilde llegaron con la chocolatera artesanal a un barrio que daba sus primeros pasos y carecía de las mínimas condiciones para vivir de forma decente y digna. Marco Antonio recuerda que sería 1965 cuando aterrizaron en La Cumbre.

La casa donde habitó Marco A. Quintero en el barrio La Cumbre. Foto suministrada
-Cuando llegamos solo había unas cuantas zapaterías pequeñas, una que otra panadería y algunas tiendas. No había teléfono público, tampoco electricidad ni alcantarillado. Las calles eran destapadas, polvorientas cuando hacia sol, llenas de lodo cuando llovía. Las mujeres caminaban con los zapatos en una bolsa para no ensuciarlos y poderlos utilizar limpios cuando salieran del barrio. De allí el apodo de patiamarillos. Y déjeme decirle algo más: Solo había una línea de transporte que subía cuando quería y cuando podía, entre otras razones por el mal estado de las vías.
Por algo había que comenzar
Marco Antonio y Matilde lo entendieron tan pronto llevaron al barrio que hoy cumple 75 años: Si querían mejorar las condiciones de vida, tenían que buscar apoyo, perseguir a los políticos, tocar las puertas de los organismos y así lo hizo el procedente de Guaca.

Operarias trabajando en la fábrica Chocolate Gironés, en los tiempos de Marco A. Quintero. Foto suministrada
Lo primero era poner a producir la fábrica de chocolate. Marco Antonio recuerda que Chocolate Gironés producía 10 libras de cacao en bola por semana. “Yo las producía y mi esposa (Matilde), las vendía. Solo trabajábamos ella y yo porque los niños estaban muy pequeños”.
Luego, con la ayuda de los ingenieros mecánicos de la UIS, construyeron las máquinas para ampliar la fábrica, porque los precios de los equipos fabricados en el exterior eran muy altos.

Fotografía de la fábrica, Chocolate Gironés, cuando era admiistrada por Marco Antonio Quintero, hace más de 40 años. Foto suministrada
Cuando tuvieron que vender la empresa, por razones ajenas a su voluntad, Chocolate Gironés producía 300.000 libras mensuales de cacao que comercializaban en Piedecuesta, Bogotá, Melgar y Málaga, entre otros mercados.
Llegó el pavimento a La Cumbre
Como pudo, Marco Antonio y algunos otros vecinos se movieron. No querían transitar más tiempo por aquellas calles llenas de polvo o lodo. Querían mejores condiciones de vida.
En Bucaramanga consiguieron apoyo para colocar una capa del pavimento conocido como Topeca. “Era una capita delgada -recuerda este cumbrero procedente de Guaca-. Pero era mucho mejor que transitar por las calles destapadas. De pronto nos dimos cuenta que con el esfuerzo y el trabajo, lográbamos pavimentar el barrio o lo que existía de él”.
El primer teléfono público
La Cumbre tampoco tenía teléfono público cuando Marco A Quintero y su esposa llegaron al barrio.
A punta de gestiones, rogando aquí y allá, preguntando por el uno y por el otro, consiguieron un teléfono público para la estación de policía ubicada muy cerca del parque donde hoy se halla el tanque.
Luego, cuando Hernando Lamus Quintero, sobrino de Marco A. Quintero, fue elegido como alcalde, su tío le pidió el apoyo para colocar otro teléfono público en La Cumbre. “Logramos instalarlo en la chocolatera y la gente hacía cola para llamar, comunicarse con amigos o familiares y hacer diligencias por esa vía, que resultaba más económica y más rápida. Fue esta una revolución en el barrio”, dice Quintero a sus casi 88 años, totalmente lúcido.
Marco A. Quinero saluda a los cumbreros desde Miami
“Trajimos la electricidad”
La historia de cómo llegó la electricidad al barrio La Cumbre le trae especiales recuerdos a Marco A. Quintero, porque por poco lo expulsan de la hoy popular barriada.
-Trajimos la electricidad, por primera vez, desde un transformador ubicado en La Pedregosa, dice Quintero. Usted entenderá que quedaba muy distante y esa no era la solución definitiva, agrega.
Como pudo, el esposo de Matilde se las arregló para hablar con Luis Hernando Martínez, un trabajador de la Electrificadora y este le prometió un transformador de 2.000 kilovatios, exclusivo para La Cumbre.
-Cuando instalamos el transformador tuvimos una noticia muy buena y una mala. Le dijimos a la gente que no fueran a encender los equipos tan pronto disparáramos el transformador y no hicieron caso. Entonces se quemaron muchos electrodomésticos y casi me obligan a irme del barrio, porque tuvieron que cambiar todos los equipos quemados. Esa fue la particular historia de la llegada de la electricidad al barrio.
La huelga de las monjas
Por los tiempos en que Marco Antonio Quintero y Matilde llegaron al barrio La Cumbre, ya se habían instalado allí las monjas auxiliadoras que llegaron de México. Las religiosas se juntaron con la comunidad y empezaron a trabajar por el barrio.
Marco A. Quintero recuerda que el transporte era un dolor de cabeza en el barrio. “Subía un solo bus de Cotrander -recuerda-. Y lo hacía una sola vez por día y a veces apenas llegaba hasta Villabel, de manera que nos tocaba que bajar caminando por entre el lodo o el polvo para tomar la unidad de transporte.
-Las monjas -dice este cumbrero que dejó suficiente huella-, organizaron una huelga. Llamaron a los habitantes a no utilizar el bus, en protesta por el mal servicio. Reclamaban mejor atención por parte de la empresa. Exigían que el bus subiera hasta el barrio y que lo hiciera más de una vez al día. La empresa respondió mejorando el servicio.
Es esta quizás, la primera huelga que se realizó en La Cumbre y la protagonizaron precisamente unas monjas auxiliadoras que llegaron a servir a la comunidad.
El asistente de partos

Germán González Quintero, exconcejal de Floridablanca, junto a Marco A. Quintero. Foto suministrada
Germán González, un exconcejal de Floridablanca, empresario exitoso que llegó a La Cumbre siendo un niño, recuerda cuán importante fue Marco A. Quintero para el barrio La Cumbre.
-Varios vecinos nos unimos para trabajar por el barrio cuando fuimos creciendo, pero el líder era Marco A. Quintero. Tenía capacidad de convencimiento, la gente lo seguía y le creía y como empresario que era, tenía capacidad económica para convocar a los políticos y les pedía apoyo y colaboración para resolver tantas necesidades, agrega González.
Entre muchos de los aportes del señor Quintero al barrio, González recuerda que como era el único o uno de los dos únicos habitantes que tenían carro, tuvo que salir apurado en más de una ocasión a llevar mujeres al hospital de Floridablanca o Bucaramanga para que dieran a luz. “Él, Marco A Quintero, colaboró en más de un parto y en el nacimiento de más de un cumbrero”, dice Germán González.
Entre tantos recuerdos que tiene el exconcejal y hoy empresario, Germán González menciona que junto al señor Quintero, hicieron las gestiones para adquirir el lote donde funcionó la Concentración Escolar La Cumbre, hoy Instituto Técnico La Cumbre.
-Con Marco A. Quintero, siempre como líder, logramos conseguir el dinero para comprarle una casita a la dueña del lote donde hoy está el instituto educativo y así empezó la construcción de la escuela, primero, y luego del instituto que es hoy.
González habla con entusiasmo del barrio La Cumbre y del líder, el señor Quintero. Y con orgullo, recuerda que él, habiendo estudiado en el SENA, contribuyó con la construcción de algunas piezas y una máquina para modernizar la empresa, Chocolate Gironés, que era propiedad del gran líder y promotor de La Cumbre. Concluye Germán González con una máxima: “El crecimiento y el avance del barrio no hubiera sido posible sin el empeño, el entusiasmo, el liderazgo y la dedicación de Marco Antonio Quintero.
La habilidad política de Marco A. Quintero
Su capacidad como líder, el poder de convocatoria y su don de buena gente, también le permitió obtener beneficios políticos.
El señor Quintero se cansó de ir a Bucaramanga, donde los políticos, a pedir ayuda para el barrio, porque siempre le resultaban con la misma cantaleta:
– ¿Cuántos votos tiene el barrio para nuestra causa?, le preguntaban
-No podía hacer mucho -dice Quintero- porque los votantes éramos poquitos.
Fue entonces cuando este cumbrero echado p´lante decidió que La Cumbre podía tener sus propios concejales. Y como el asunto era entre liberales y conservadores, pero más liberales que conservadores, el líder cumbrero diseñó una estrategia y La Cumbre eligió un concejal Liberal (Héctor Hugo Arteaga) y un concejal Conservador (Hugo Macías).
Como los dos concejales funcionaron desde el Concejo divididos y no unidos por La Cumbre como aspiraba Marco A. Quintero, el líder cumbrero decidió lanzarse al periodo siguiente (1982) y obtuvo la curul en representación de La Cumbre por el partido Conservador.
De manera coincidencial, en ese mismo periodo se hizo concejal Pedro Julio Solano y el Concejo de Floridablanca quedó conformado por 8 liberales y 2 conservadores.
Pedro Julio Solano Osorio, tres veces concejal y alcalde electo de Floridablanca, fue, precisamente, uno de quienes nos hizo caer en razón de que es imposible contar la historia del barrio La Cumbre, sin este hombre que se convirtió en el alma del crecimiento y el desarrollo de la popular barriada.
Para el periodo siguiente (1984), el candidato del Marco A. Quintero al Concejo fue el hoy empresario Germán González Quintero y resultó electo, demostrando con ello el poder político que también llegó a obtener el hombre que trasladó Chocolate Gironés a La Cumbre y que se convirtió en el gran líder empresarial, político y social del barrio que hoy cumple 75 años.
“Mi padre fue capaz de cambiar La Cumbre”

Claudia Quintero, hija de Marco A. Quintero. Foto suministrada
Claudia Quintero, una hija de Marco A Quintero que también vive en Miami, recuerda lo que significó su padre para el barrio más grande de Floridablanca.
-Mi padre tenía en la casa un jardín, un zoológico, una cancha de tejo y un lugar de reuniones -cuenta Claudia emocionada, evocando aquellos tiempos-. Allí llegaban sus amigos, los funcionarios y los políticos. Mi padre los atendía muy bien y aprovechaba para solicitarles el apoyo para el barrio.
“Hoy miro al país y pienso que es fácil ponernos de acuerdo, siempre y cuando haya voluntad de trabajo y un líder con credibilidad como la tenía mi padre”, agrega.
Claudia tiene plena conciencia de lo que fue capaz de construir Marco A. Quintero en La Cumbre, liderando un proceso duro porque recuerda que allí no había nada cuando su padre aterrizó en la barriada que apenas comenzaba a formarse.
Cree, que es posible avanzar, como lo hizo su padre. Y recuerda con especial agrado todo lo que fue capaz de construir Marco Antonio Quintero con el don de la palabra, el ejemplo, el trabajo y el interés por el futuro de la comunidad.
Su admiración para con su padre es inmensa.
El líder de Santander en 1982

En la tercera fila de fotos, primera a la izquierda, aparece el nombre y la foto de Marco A. Quintero
Los periodistas de Vanguardia no dudaron al reconocer a Marco A. Quintero como el líder cívico del año 1982 en Santander.
Cuando llegó el momento de seleccionar los personajes más destacados del año, le concedieron el honor a Marco A. Quintero y lo nombraron como el líder cívico más reconocido. Premiaron el esfuerzo y la lucha de este cumbrero que se propuso cambiarle la cara al barrio y lo logró con éxito. Marco A. guarda ese reconocimiento como una de las mejores cosas que le han sucedido en sus 88 años de vida.
Marco A. tuvo que marcharse

Marco Antonio Quintero vive, desde hace 40 años en Miami, dedicado, entre otras cosas a cultivar orquídeas. Foto suministrada
Muchos se preguntarán por qué un líder de las condiciones naturales de Marco A. Quintero terminó en Miami cuando toda su querencia estaba en La Cumbre.
He aquí la respuesta: “Comenzaron a extorsionarme-cuenta Marco A.-. Seguramente creyeron que tenía mucha plata, cuando mi mayor capital era el trabajo y mi querencia por el barrio La Cumbre. Terminé vendiendo la fábrica y me marché a Estados Unidos en busca de mejores destinos, pero cada vez que regreso a Colombia, a una reunión de familia que realizamos desde hace 25 años, me doy una vueltica por el barrio de mis amores: La Cumbre.
Este es el hombre que, proveniente de Guaca, comenzó a labrar el futuro de un barrio que hoy es referencia en Floridablanca, Santander y Colombia: El cumpleañero barrio La Cumbre.
