Misael Salazar F.
Quizás nunca antes la hija de Alberto Fujimori, tres veces derrotada en las urnas electorales, había sentido tanta soledad como ahora.

En el cómputo general, Pedro Castillo ganó la presidencia por 44.000 votos
En otro intento –que tal vez no sea el último– por desconocer la victoria del profesor Pedro Castillo, Fujimori le pidió al presidente peruano Francisco Sagasti, que solicite una auditoría internacional al escrutinio que perdió por 44.000 votos con el cajamarqueño.
La respuesta del presidente peruano al pedido de la candidata derrotada fue directo y claro. No se solicitará ninguna auditoría internacional a los resultados electorales.
La del mandatario peruano era la respuesta obvia. Estados Unidos, la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE) y todos los observadores internacionales que asistieron al proceso electoral del 6 de junio, lo avalaron y por consiguiente respaldaron el resultado final.
Hasta el escritor Mario Vargas Llosa, que hace rato perdió la sindéresis política, pasó al bando de quienes guardan silencio, una vez que conoció los resultados donde se anotaba otra derrota electoral, de las tantas acumuladas desde el varapalo que sufrió a manos del padre de Keiko, Alberto Fujimori.
Las autoridades electorales peruanas han venido desechando, una a una, las solicitudes de la candidata Fujimori de revisar actas y poner en tela de juicio el escrutinio de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), que culminó el conteo con la victoria de Castillo por 44.000 votos.
Lo que sorprende, entre otras cosas, es la reciente preocupación de la candidata de Fuerza Popular por cuidar la legalidad y la conducta correcta, principios estos jamás respetados por su padre mientras fue presidente y, ella, primera dama del Perú.
Debe ser por estas razones que la soledad de la candidata e hija del presidente detenido por delitos de lesa humanidad, es cada vez más notoria y preocupante.
Este domingo, precisamente, la editora, periodista y escritora, Morgan Artyukhina, escribe una columna en Sputnik, donde señala, entre otras verdades, que los aliados de Keiko Fujimori huyen y están perdiendo la paciencia a causa de sus incoherencias.
Sucede que cada una de sus propuestas, todas orientadas a desconocer la victoria de Pedro Castillo Terrones, es un intento desesperado de quedar bien con sus seguidores y quienes aportaron desde votos hasta mucho dinero con tal que fuera ella la elegida por los peruanos.
Le cuesta entender a la hereda política de Alberto, que el fujimorismo es parte de la médula espinal de la crisis política del Perú, saturada de corrupción y trampas, enfermedades contra las cuales votaron los peruanos en un intento por darle espacio a la decencia. Por eso votaron al profesor de Cajamarca.

La Fiscalía peruana investiga a Keiko Fujimori por supuestos vínculos con Vladimiro Montesinos
Este lunes, 05 de julio, precisamente la Fiscalía peruana anunciaba el inicio de otra investigación contra Keiko Fujimori por supuestos vínculos con Vladimiro Montesinos, detenido hoy, igual que su padre, Alberto Fujimori.
A Montesinos se le investiga por gestionar sobornos para algunos funcionarios electorales peruanos, con el fin de favorecer a Fujimori y desconocer el triunfo del profesor Pedro Castillo.
La verdad es clara. El presidente electo se llama Pedro Castillo Terrones. Su proclamación es inminente y, por tanto, la tercera derrota de Keiko Fujimori la saben los peruanos que, cansados, optaron por otra opción con la esperanza de mitigar tantas decepciones acumuladas, como acumulada es la soledad de la líder de la ya maltrecha Fuerza Popular.
Nadie acata su llamado y sus intentos de desconocer la voluntad de los peruanos, expresada el pasado 6 de junio.
