Martín Parra
Santander, 3 de enero de 2025 – A pesar de las múltiples campañas de prevención y las estrictas normativas que buscan frenar el uso de pólvora, las cifras de lesionados en esta temporada decembrina han encendido las alarmas en Santander y en todo el país. El más reciente reporte del Instituto Nacional de Salud (INS), con corte al 1 de enero, confirmó un total de 1.135 casos de quemados en Colombia, de los cuales 43 corresponden a Santander.
Aunque las estadísticas en el departamento muestran una leve disminución del 4.4% respecto al año anterior (cuando se reportaron 45 casos), las autoridades locales y nacionales señalan que las cifras siguen siendo preocupantes. En el ámbito nacional, la reducción en los casos de quemados (-10.1%), así como en las muertes y lesiones a menores, no ha sido suficiente para erradicar una problemática que afecta profundamente a la población más vulnerable.
La otra cara de la pólvora: Menores lesionados y comunidades afectadas
En Santander, 14 de los lesionados fueron menores de edad. Uno de los casos más impactantes ocurrió en Bucaramanga, donde una niña de apenas 2 años resultó con quemaduras graves cuando un volador ingresó a su vivienda y explotó en su abdomen. La menor, que se encontraba compartiendo con su familia, fue trasladada al Hospital Internacional de Colombia, donde se recupera de las lesiones.
Otros incidentes en municipios como Socorro, Floridablanca, Piedecuesta y Barrancabermeja han puesto de manifiesto las consecuencias de la manipulación irresponsable de pólvora. Estos actos no solo desafían las leyes y normas establecidas, sino que también representan un grave peligro para la integridad física y emocional de las víctimas, especialmente de los niños.

Reflexión: ¿A qué precio celebramos?
El uso de pólvora ha sido históricamente asociado con la celebración y la alegría. Sin embargo, los estragos que deja a su paso contrastan drásticamente con su propósito festivo. Cada explosión no solo implica un riesgo para las personas que la manipulan, sino que también genera un daño irreparable a la fauna, la flora, las mascotas y el medio ambiente.
Las mascotas, particularmente los perros y gatos, sufren episodios severos de estrés y ansiedad, que en ocasiones terminan en lesiones al intentar huir del ruido ensordecedor. En el caso de la fauna silvestre, la detonación de pólvora altera sus ciclos naturales y puede causar desorientación o incluso la muerte. Además, la quema de estos artefactos libera sustancias tóxicas que contribuyen a la contaminación del aire, agravando las condiciones ambientales en un planeta ya afectado por el cambio climático.
El impacto no se limita a los aspectos físicos. Las familias enfrentan un dolor inmenso al ver afectados a sus seres queridos, especialmente a los menores, cuyas vidas quedan marcadas por lesiones evitables. Asimismo, las entidades de salud deben destinar recursos significativos a atender emergencias que podrían haberse prevenido.

Llamado a la conciencia colectiva
Frente a este panorama, autoridades como Claudia Mercedes Amaya Ayala, secretaria de Salud de Bucaramanga, han reiterado el llamado a evitar el uso de pólvora bajo cualquier circunstancia. “No se debe manipular, ya que es un riesgo para quien lo hace y para quienes están a su alrededor. Esperamos que en este 2025 no tengamos más casos que lamentar”, expresó.
Por su parte, la Ley 2224 de 2022, reglamentada mediante el decreto 2174 de 2023, prohíbe la producción, comercialización y uso de pólvora con fósforo blanco. Las multas para quienes infringen esta normativa pueden alcanzar los $230 millones, un esfuerzo del Gobierno para garantizar la integridad de la población.
Este inicio de año debe ser una oportunidad para reflexionar sobre cómo celebramos y el impacto que nuestras acciones tienen en la vida de los demás y en el entorno. La alegría de unos no puede construirse sobre el sufrimiento de otros, ya sean personas, animales o el medio ambiente. Es momento de abrazar alternativas más seguras y sostenibles que nos permitan celebrar con responsabilidad y empatía.
La verdadera felicidad está en cuidar de quienes amamos y del mundo que nos rodea, garantizando que las generaciones futuras puedan disfrutar de celebraciones en armonía con la vida.
