Misael Salazar F.
La sola presencia de Nicolás Maduro, este sábado, en la cumbre de la CELAC, que se desarrolla en México, produjo la reacción de los presidentes de Paraguay y Uruguay, Mario Abdo Benítez y Luis Lacalle Pou, respectivamente.
Andrés Manuel López Obrador, anfitrión del evento, sabía que los roces eran inevitables. Pero el presidente mexicano también sabía que el solo hecho de que la cumbre de la CELAC se planteara un eventual reemplazo de la OEA como organismo de integración continental, ya era bastante combustible para incendiar la pradera.
Pero AMLO no podía dejar por fuera a Maduro, máxime cuando México es la sede de los diálogos que se realizan entre el gobierno venezolano y la oposición, con miras a una normalización política del país caribeño.

Tras la polémica con Maduro, el presidente de Paraguay abandona la cumbre
El hecho es que, al nomás iniciar sus intervenciones, los mandatarios de Paraguay y Uruguay dejaron sentado que su presencia en la cumbre, jamás significaba un reconocimiento a Nicolás Maduro. Pero también apuntaron su rifle contra la presencia de Cuba y Nicaragua en el foro, países a los que calificaron, junto a Venezuela, con un elevado déficit de democracia.
Maduro respondió a los ataques de sus colegas, pero no lo hizo con la vehemencia a la cual nos tiene acostumbrados.
Palabras más, palabras menos, el mandatario venezolano dijo que podía responder como debiera hacerlo frente a los ataques de sus colegas, y de inmediato agregó que no había llegado a la cumbre a fomentar el incendio.
“Tendríamos suficientes piedras que tirar contra algunos de ustedes, pero no vinimos a tirar piedras”, dijo Maduro. “Creo que hay que ir a la construcción de una nueva institucionalidad de la CELAC, retomar la que se empezó a construir porque, aquí, se empezó a construir una institucionalidad que empezaba a funcionar”.
Maduro forma parte del ala latinoamericana que piensa que la OEA cumplió su ciclo y debe ser reemplazada por otro organismo menos desprestigiado.
Pero saben el mandatario venezolano y los demás detractores, que no será precisamente en la cumbre de la CELAC donde se entierre la OEA. Quizás si sea la oportunidad y el escenario para empezar a preparar las honras fúnebres de la otrora influyente Organización de Estados Americanos.
