Marco A. Quintero y su esposa, Matilde Villamizar, dos de los recordados fundadores de La Cumbre. Foto: Ciudad Florida
Misael Salazar F.
A don Marco A. Quintero -hoy residente en Miami- se le vienen las lágrimas cuando recuerda sus bonitos y productivos años en el barrio La Cumbre.
Es que llegó muy joven a la popular barriada, cuando aquello era barro amarillo, pajales, monte y unas cuantas casas, porque el barrio apenas estaba naciendo.
Llegaron cuando aquel paraje alto era un pajal, un tierrero y un sueño comunitario para muchos colombianos
Marco A. Quintero arribó con su esposa Matilde y empezaron a sumar esfuerzo para darle vida a esta comunidad que hoy, muchos años después, alberga en sus linderos al 30% de la población de Floridablanca.

Chocolate Gironés, la legendaria empresa fundada por Marco A. Quintero y su esposa. Foto: Archivo
Mientras le daban forma a su empresa, Chocolatera El Gironés, iban contribuyendo a gestionar la capilla, la escuela, la electricidad, el agua, la cancha deportiva y el bienestar familiar que Matilde administró algunos años, ad honorem.
Ellos son de los fundadores de La Cumbre. Con ellos fue creciendo el popular barrio. Vieron llegar gente de todos lados, fueron consolidando sus sueños de hacer comunidad e iban creciendo junto a la muchachada y junto a los padres de aquella muchachada que llegó a darle vida a un asentamiento humano que pronto se perdió de vista para convertirse en el más grande, el más popular y el más lleno de historia entre las comunidades de Floridablanca.
Precisamente cuando su empresa, Chocolatera El Gironés iba creciendo, comenzó la extorsión y tuvieron que vender y marcharse. Terminaron en Miami
Quizás las generaciones nuevas no lo sepan, pero Marco A. y Matilde dejaron impregnada a La Cumbre con su presencia, con el aire que respiraban, con la suela de los zapatos que se gastaron en aquellos barriales mientras le daban vida y forma a la barrida.
Hasta que tuvieron que marcharse
Las lágrimas que le brotan a Marco A. Quintero no son gratuitas.

Fotografía de la producción en la empresa Chocolatera Gironés del barrio La Cumbre
Marcos y Matilde añoran los años, los tiempos y la vida placentera de La Cumbre, porque cuando su empresa chocolatera empezó a crecer, comenzó la extorsión y tuvieron que vender para marcharse.
Terminaron juntos en Miami, pero su alma y su corazón se quedaron en La Cumbre, la comunidad que ayudaron a levantarse y en la que construyeron buena parte de sus sueños.
Quizás nunca entendieron, Marco ni Matilde, cómo un par de seres humanos pueden contribuir a levantar una comunidad y, de pronto, deben vender el fruto de su trabajo y marcharse a un lugar distante donde ya no están sus referentes, sus vivencias, sus recuerdos, sus anhelos.
Este par de fundadores del barrio La Cumbre, vino de paso a Bucaramanga procedente de la bulliciosa Miami donde residen.
Pero no tuvieron tiempo de pesar por La Cumbre. O tal vez porque Marco Quintero, se apega al grito de su paisano de Guaca, el periodista Tiberio Martínez, cuando hace suyo aquel testimonio que para algunos suena desgarrador, inentendible y hasta dramático: “No volváis al lugar de tus pasadas alegrías”.
