Martín Parra
En el parque de La Cumbre ya no estará el puesto de chicha los domingos. Tampoco se escuchará su voz dando instrucciones a una patrulla scout ni el golpe seco de las fichas de ajedrez en el salón comunal. Con la muerte de Metodio Báez se va uno de esos hombres que no figuran en los libros, pero que sostienen la memoria viva de los barrios.
Para quienes crecieron en los años setenta, su nombre era referencia obligada. Francisco Valbuena lo recuerda caminando entre los primeros grupos parroquiales, cuando La Cumbre apenas consolidaba su identidad comunitaria. “Metodio siempre mostró un liderazgo importante”, dice.
Fue el creador de los Boy Scouts en el barrio, una iniciativa que marcó a decenas de niños y jóvenes. Con el apoyo de las Hermanas Auxiliadoras, los grupos se fortalecieron y se convirtieron en escuela de disciplina, compañerismo y servicio. Gerardo Rivera, integrante de la Patrulla Tigres, lo evoca como el jefe de aquella gran idea que dio forma a los “famosos Boy Scouts” de La Cumbre.
Pero su liderazgo no se limitó al escultismo. Metodio fue también protagonista de las primeras comparsas de matachines, incluso el primer tesorero cuando apenas siete integrantes iniciaban la tradición. Fue fundador del Salón Comunal en los tiempos de techo de eternit y promotor incansable de actividades culturales.
El ajedrez fue otra de sus banderas. En el salón comunal organizó torneos y enseñó a mover las piezas a toda una generación. “Todos aprendimos gracias a él”, recuerdan sus contemporáneos. Para muchos, el tablero fue su primera escuela de estrategia y paciencia.

En su oficio fue maestro de construcción y dejó obras en La Cumbre, en Bucaramanga y en sectores como La Mesa de los Santos. Sin embargo, su espíritu inquieto lo llevó más lejos: diseñaba y fabricaba máquinas en miniatura —grúas, motoniveladoras, puentes—, réplicas hechas con precisión artesanal. Soñaba con exhibirlas algún día en una muestra pública.
En los últimos años, su nombre volvió a hacerse cotidiano desde otro lugar: la “Chicha el Cacique”. Su puesto en el parque era parada obligada. La bebida trascendió el barrio y acompañó eventos locales y regionales. La chicha de Metodio era, también, excusa para el encuentro.
Quienes lo conocieron coinciden en algo: fue fundador práctico de La Cumbre, acompañó el nacimiento de sectores como Villa Tarel y estuvo pendiente del progreso del barrio hasta el final.
Hoy la comunidad lamenta la partida del maestro, del líder, del amigo. Metodio Báez no solo construyó casas y máquinas; ayudó a construir identidad.
Y en barrios como La Cumbre, esa es la obra que más perdura…
La velación se realiza en la Funeraria Los Olivos, en Bucaramanga. Las exequias serán este jueves a las 11:00 a.m. en el Santuario Nuestra Señora de Guadalupe, en el barrio La Cumbre, con conducción posterior al cementerio Jardines La Colina.
Agradecimiento especial a Francisco Valbuena, Gerardo Rivera y Carlos Bernal, cuyos testimonios fueron fundamentales en la elaboración de esta crónica.
