Misael Salazar F.
El lunes pasado, un cortejo fúnebre, escoltado por nazarenos, descendía por el frente del palacio municipal de Floridablanca.
Miguel, un parquero consecuente, resumió aquella escena con cinco palabras: “Se le acabó el contrato”.
En la jerga popular colombiana, venezolana y en muchas partes de América Latina, morir es significado de terminar el contrato con la vida y pasar a mejor destino, según dicen.
Darío de Jesús Gómez Zapata, conocido musicalmente como Darío Gómez, resumió el tránsito entre la vida y la muerte en 6 palabras para titular su canción más popular: “Nadie es eterno en el mundo”.
El artista lo sabía. Estaba seguro que nadie es eterno en el mundo, desde que se paseó por un cementerio viejo en su natal San Jerónimo de Antioquia, lleno de lápidas con los nombres de quienes alguna vez pertenecieron al reino de los vivos, hasta que, como dijo Miguel, se les acabó el contrato.
Así mismo le sucedió al popular “Rey del Despecho”. Este martes, a las 7 y 31 minutos de la tarde, la clínica Las Américas de Medellín expidió un cortísimo y lamentable comunicado: “Ha fallecido Darío Gómez”.
Las rocolas callaron. Las emisoras de radio empezaron a reproducir sus canciones. Los celulares comenzaron a rodar videos con sus producciones musicales más escuchadas.
Nadie es eterno en el mundo/ ni teniendo un corazón/ que tanto siente y suspira/ por la vida y el amor.
Esta especie de himno a la muerte, se convirtió en la compañía inseparable para los despechados, ya en las cantinas, ya en los bares, ya en la casa. O en las honras fúnebres, porque muchos deudos la interpretan como homenaje a quien acaba de marcharse, quizás para recordar que a cada uno de nosotros nos llega ese momento, porque nadie es eterno en el mundo.
O su otra muy famosa canción titulada “Daniela”, un homenaje póstumo a su hija Luz Dary, asesinada por el hampa en Medellín.
Un día/ una madre muy joven/ ha perdido la vida/ la desgracia ocurrió/
Daniela es la hija de Luz Dary. Tenía 6 años cuando la desgracia ocurrió. Y 3 años antes Daniela había perdido a su padre. Esa es la razón por la que “El ey del despecho” tuvo que hacerse cargo de ella”.
Porque la vida de Darío Gómez estuvo acompañada por la desgracia. A los 16 años mató accidentalmente a su padre intentando defender a su madre. Tal como ocurrieron las cosas, es muy probable que, si el padre de Darío no muere aquel día, la muerta hubiera sido su progenitora.
Parece ser que “El rey del despecho” cargó siempre con el drama de haber matado a su padre y haber perdido a su hija. El primer episodio ocurrió por la violencia intrafamiliar, algo muy común en la sociedad colombiana. El segundo hecho, el de su hija, por otro hecho también común en Colombia: la violencia callejera y la guerra entre pandillas.
Quizás la música le sirvió de refugio a Darío Gómez para esconder sus dramas y frustraciones. Pero, como quiera que haya sido, sus canciones impactaron a millones de colombianos que alguna vez han disfrutado del despecho en su compañía.
“El rey del despecho” ha muerto, porque nadie es eterno en el mundo.
