Esta es mi historia de resiliencia, gracias a la UBA. Foto: Alcaldía de Bucaramanga
Misael Salazar F.
Cuando nací, hace ya algún tiempo, decidieron llamarme Kimba. Debo pensar que quienes me bautizaron, se inspiraron en una producción japonesa que traduce Kimba como “león blanco”.
Para acortar mi historia, entre trágica y resiliente, fui hallada presa en una alcantarilla del popular barrio Los Colorados de Bucaramanga.
Unos señores del Cuerpo de Bomberos de la ciudad me prestaron los primeros auxilios y me trasladaron hasta la Unidad de Bienestar Animal (UBA), una dependencia de la alcaldía de Bucaramanga que se dedica a cuidar los seres de mí misma especie.
Cuando llegué a la UBA, escuché a los especialistas decir que yo tenía fractura en ambas patas traseras. Me lo supuse porque caminaba torcida, de medio lado, con la cabeza por un lado y la parte posterior de mi cuerpo por otro. Pobre Kimba, pensé.
Pero eso no fue todo. Hablaron de deshidratación severa. Y como si eso no fuera suficiente, agregaron al diagnóstico una desnutrición alarmante. Para completar el cuadro clínico, escuché hablar que tenía moquillo, una enfermedad que en el lenguaje y el conocimiento de los médicos veterinarios, es grave para los seres vivientes como era mi caso.
Sabía que mi situación no era para nada alentadora, pero me reconfortaba el hecho de estar en manos de especialistas. Yo escuchaba lo que ellos decían: “Pobre Kimba”. “Está muy mal, pero vamos a intentar recuperarla”. “Después que esté bien”, ya veremos.
En la UBA me hicieron este video para que vean cómo estoy de rozagante y contenta
Lo primero que hicieron fue someterme a una cirugía para eliminar la dolencia de mis patas y ello también facilitaría mi desplazamiento. En otras palabras, iría al quirófano donde intentarían enderezar mi carrocería.
Confieso que después de todos los cuidados médicos de la UBA, hoy me siento como una uva.
Inicié, bajo el cuidado de los médicos y demás personas de la institución, un proceso de rehabilitación. Ellos dicen que ha sido asombrosa mi recuperación, que he ganado peso, que camino derechita, ya no torcida. Que estoy superando mi cuadro de desnutrición, que mi apetito es bueno. En síntesis, que he vuelto a ser Kimba, símbolo de resiliencia, de transformación, de optimismo y muchas ganas de vivir.
Estando bajo los cuidados médicos, escuché que el personal de la UBA también había logrado recuperar a Lucas, un perro que había quedado atrapado en un hueco. Felizmente se halla con sus dueños.
Y supe, además, que estaban dialogando con los dueños de los caballitos que utilizaban para la diversión en los parques de Bucaramanga. Dicen los especialistas que los caballitos deben estar en su hábitat natural, que estas moles de concreto y asfalto no son apropiados para ellos. Que hay que devolvérselos a la naturaleza. Kimba también piensa lo mismo, porque siento que debo ser solidaria con mis compañeros de especie y estoy segura que ellos, los humanos, lo van a entender.
Llegó la hora de despedirme. Pero no quiero hacerlo, sin antes decirles que estoy buscando una familia bonita que me adopte y me cuide.
El personal de la UBA dice que Kimba se ha convertido en una perrita juguetona, amigable, rozagante y cariñosa. Ahh, también dicen que Kimba merece una segunda oportunidad.
Desde la Unidad de Bienestar Animal, me pidieron que los interesados en que yo los acompañe o en que yo consiga compañía, pueden llamar directamente al contacto 316 6680764.
Muchas gracias a la familia de la UBA. Les aseguro que ya conseguiré quién me adopte y que seguramente seré feliz por el resto de los días que me quedan de vida.
Se despide, con cariño y profundo agradecimiento, Kimba.
Esta crónica fue elaborada con el insumo de una nota de prensa escrita por el departamento de Prensa y Comunicaciones de la alcaldía de Bucaramanga.
