Gustavo Petro y Nicolás Maduro. Foto: Archivo
Misael Salazar F.
El presidente colombiano, Gustavo Petro Urrego, anunció que no asistirá personalmente a la toma de posesión de Nicolás Maduro, acto que se realizará este viernes, 10 de enero, en Caracas.
Anunció, también, que en representación de Colombia asistirá el embajador en Venezuela, Milton Rengifo.
En su cuenta X, el mandatario colombiano expuso que la detención de Enrique Márquez y Carlos Correa, por parte del gobierno venezolano, le hace imposible asistir personalmente al acto de posesión de Maduro Moros.
Pero Petro también explicó que no romperá relaciones diplomáticas con Venezuela -como lo exigen algunos voceros de la oposición colombiana y venezolana-, porque antes que las diferencias entre los gobiernos, están los intereses de los pueblos.
En diplomacia se entiende que la no asistencia de un presidente a la juramentación de un colega, debe interpretarse como una molestia o como un problema de agenda. Pero que asista el embajador del país, como lo hará Milton Rengifo, es además un mensaje de que no se trata de una ruptura diplomática sino de un descontento. Y en su cuenta X, Petro deja explícita su molestia por la detención de dos dirigentes de la oposición venezolana, en vísperas de la juramentación de Maduro.
Petro no lo explica en su cuenta X, pero sabe que el intercambio comercial colombo-venezolano ha crecido sustancialmente hasta alcanzar los 1.000 millones de dólares en diciembre pasado. Y sabe que el 80% de dicho intercambio es favorable a Colombia. Una ruptura diplomática echaría por tierra este logro significativo, luego de varios años de cierre total de la frontera binacional.
El mandatario colombiano también es consciente que Venezuela, con Maduro a la cabeza, es garante del proceso de paz que lleva adelante su gobierno con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y otras fuerzas insurgentes. Una eventual ruptura de relaciones, pondría en peligro el papel que juega Venezuela en este proceso.
Petro Urrego está claro, además, que mientras tenga relaciones con el gobierno venezolano, queda espacio para la búsqueda de una salida negociada a la crisis política venezolana. Romper relaciones, como lo exige la oposición colombiana, implica cerrar todas puertas, diplomáticas y comerciales y Petro no está dispuesto a navegar en ese escenario donde apostaría a perderlo todo.
