El presidente Gustavo Petro firmó la legalización y constitución del Ministerio de la Igualdad. Foto: Archivo
Misael Salazar F.
Luego de 200 años de independencia, los nadie, a los que se refería Eduardo Galeano, los condenados de la tierra de los que hablaba Frank Fannon o los miserables de Víctor Hugo, pueden celebrar que por fin llegan al poder en Colombia.
Y lo hacen de la mano de un economista cordobés que nació en Ciénaga de Oro, uno de los tantos pueblos olvidados de Colombia. Que se formó en Zipaquirá, como García Márquez, que abrazó la guerrilla del M-19 por las injusticias que en Colombia sobran y que al final de una larga batalla logró sobrevivir –como dijo Daniel Coronel-, para proporcionarle a los colombianos la alegría de la cual hoy disfrutan.
Y llegan al poder, los nadie, de la mano de una mujer afrodescendiente, madre cabeza de familia, extrabajadora doméstica, desplazada, humillada, perseguida, exiliada, como la gran mayoría de los colombianos: Francia Márquez.
El de este domingo, es el triunfo de los bongueros del Chocó que desde muy temprano agarraron la canoa para ir a votar con la ilusión en sus espaldas.
O es la victoria de quienes, cansados de la guerra, creyeron que Gustavo Petro puede hacer el esfuerzo de comulgar con la paz, uno de sus grandes anhelos.
O es la victoria de tantos jóvenes que en Colombia andan sin opción de trabajo o estudio. O el de los campesinos que mientras más trabajan, más pobres son o el de las madres que no saben qué hacer con el futuro de sus hijos.
Es el triunfo de los trapicheros donde Gustavo Petro cortó caña, o de los pescadores a los cuales el nuevo presidente acompañó en noches de luna llena. O es el triunfo de los dulceros de Vélez o de lo indígenas de la tierra.
Por fortuna, el país recibió en calma la victoria de Petro. Rodolfo Hernández estuvo a la altura en momentos cruciales al reconocer la victoria de Petro y desearle éxitos por el bien de Colombia.
Por fortuna, mentes brillantes, pacifistas como las de Antanas Mockus, Angélica Lozano, Daniel Samper Pizano, Enrique Santos y muchos otros, entendieron el momento crucial que estas elecciones significaban para Colombia y optaron por dar un paso al frente. Esa postura significo parte de la victoria de los nadie.
Ahora es el momento de reconciliarnos como país. Que desde mañana no hablemos de rodolfistas o petristas. Que nos asimilemos como componentes de un mismo país, donde lo único que debe interesarnos es la esperanza por construir una patria más humana, menos desigual, más incluyente.
Es esta la hora de trabajar todos como colombianos por el futuro.
