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La comparecencia de Nicolás Maduro y Cilia Flores ante un tribunal federal en Nueva York marcó un nuevo capítulo en el proceso judicial que adelanta Estados Unidos contra el mandatario venezolano.
En la audiencia, Maduro rechazó los cargos por narcoterrorismo y tenencia de armas, se declaró no culpable y aseguró que se considera un prisionero de guerra.
Pocas horas después, el Departamento de Justicia presentó una acusación ajustada que introdujo un cambio relevante que fue la notable reducción drástica de las referencias al Cartel de los Soles, organización que por años fue descrita por Washington como un cartel de narcotráfico.
En esta versión, Maduro dejó de ser señalado como jefe directo del grupo.
La Fiscalía ahora describe al Cartel de los Soles como un mecanismo de clientelismo, más que como una organización criminal con una estructura definida.
El documento sostiene que Maduro protege y perpetúa una cultura de corrupción, en la que altos funcionarios venezolanos se benefician del narcotráfico y protegen a actores criminales.
Las ganancias ilícitas, según la Fiscalía, terminan en manos de funcionarios corruptos que operan dentro de un sistema jerárquico identificado como el Cartel de los Soles.
En total, el nombre aparece solo dos veces, un cambio notable frente a acusaciones anteriores.
Este enfoque contrasta con la imputación presentada en 2020, cuando un gran jurado aseguró que Maduro había ayudado a gestionar y liderar el Cartel de los Soles.
En esa ocasión, EE. UU. también afirmó que la supuesta cúpula del grupo colaboraba con redes criminales internacionales como el Tren de Aragua y el Cartel de Sinaloa para traficar drogas hacia Estados Unidos.
A pesar del ajuste jurídico, Trump ha mantenido una narrativa más agresiva. El presidente aseguró que la captura de Maduro responde a una estrategia regional cuyo objetivo es desmantelar el Cartel de los Soles.
En 2025, Estados Unidos clasificó oficialmente al grupo como organización terrorista extranjera, tras haberlo incluido previamente en su lista de organizaciones terroristas globales.
La medida contó con el respaldo de Argentina, Ecuador, Paraguay y Perú, mientras que Venezuela y Cuba la rechazaron, calificándola de montaje o capricho estadounidense.
No obstante, expertos han puesto en duda durante años la existencia del Cartel de los Soles como una organización criminal formal.
El término comenzó a usarse en 2004, cuando el periodista Mauro Marcano denunció supuestos vínculos entre oficiales de la Guardia Nacional y el narcotráfico, en referencia a los símbolos de sol que identifican a los generales venezolanos.
