Las dudas sobre la libertad otorgada a Richard Aguilar Villa. Foto: Archivo
Misael Salazar F. / Gerardo Castro Pérez
No conocíamos de la afición del exgobernador Richard Aguilar Villa por el deporte que apasiona a los colombianos, el fútbol, y quizás ello explica la mala jugada que como capitán del equipo de la gobernación de Santander protagonizó en el Estadio Alfonso López y que hoy lo tiene en líos con el árbitro principal del encuentro: La Corte Suprema de Justicia.

Un contrato para remodelar el Estadio Alfonso López, tiene en aprietos al exgobernador
Los problemas, para el senador por Cambio Radical, comenzaron cuando sus asesores deportivos diseñaron una estrategia para remodelar una parte del Estadio Alfonso López, escenario emblemático de los santandereanos.
Al guía del onceno (hoy senador), lo motivaron a jugar y ganar el partido, le contaron que el monto total del evento era de 24.000 millones de pesos -ese era el costo del contrato- y que, de vencer en la contienda, la premiación podría ser jugosa.
¿Y quién debía marcar el gol del triunfo?
Toda la plantilla había recibido instrucciones tácticas y técnicas del capitán, en cuanto a que el juego debería favorecer a Octavio Reyes, pues este jugador había demostrado destreza, facilidad para los pases, administración de los tiempos, respeto a las reglas pactadas -del “fútbol”- y perfecto dominio de la esfera -y del esfero-.

El senador Aguilar y el representante Ballesteros son investigados por la Corte Suprema
Muy cerca del capitán, por el centro, jugaba Julián Jaramillo. Era como su auxiliar. Distribuía las instrucciones entre el resto de los alineados a lo largo y ancho de la cancha y la orden era que todos jugaran para que Octavio Reyes se convirtiera en la estrella del gramado y al final, satisfecho, pudiera levantar el trofeo. Si Octavio gana, ganamos todos, parecía que fuese la consigna.
Por el ala derecha, como parte de los atacantes, hacía tránsito Claudia Toledo. Sería la encargada de la jugada decisiva para que Octavio Reyes pudiera anotar. Ella tenía la contundente misión del pase gol, como dirían los del Minuto 90. O los del Tercer Tiempo. O los del Carrusel Deportivo.
Por la izquierda, y con mucha agilidad, jugaba Lenin Darío Pardo. Además de ser persona de confianza del capitán en el terreno de juego, Pardo hacía productiva pareja con Claudia Toledo, con quien tenía comunicación permanente y perfecta. De manera que había entendimiento y claridad en la jugada para poner sus capacidades e intereses a favor de Octavio Reyes, la ficha clave encargada del gol y por lo tanto de prender la fiesta en la gradería.
El resto del combo, bajo las instrucciones del capitán y el alero derecho Julián Jaramillo, jugó a la perfección en procura del gol que debía anotar Reyes.
De esta jugada que hoy tiene en aprietos al comandante en jefe de la costosa nómina, también participaron, de acuerdo al árbitro, como suplentes, defensas, mediocampistas, delanteros y arquero, Felipe Villamil, Raúl Cardozo, Edgar Báez Ariza, César Castro Villaveces, Silvia Natalia Oviedo, Aureliano Naranjo, Carlos López Giraldo, Roberto Ardila Cañas y Carlos Andrés Páez.
Otro jugador estrella
El juez central, es decir, la Corte Suprema de Justicia, también tiene en la mira a otro jugador estrella de la administración Aguilar Villa, el congresista por el Centro Democrático, Edwin Ballesteros.
Edwin no jugó en el Estadio Alfonso López. Al menos no aparece en el informe del árbitro. Para la época, él estaba fichado y era titular del poderoso ESANT y sus mejores partidos (y partidas) los disputó en los municipios de Landázuri, en las proximidades del acueducto y muy cerca de los alcantarillados de otras dos jurisdicciones.
Dicen los críticos que Edwin es excelente gambetero, que le pega duro a la bola, que últimamente ha afinado puntería y que cuando no lo dejan jugar, agarra la pelota y se va.
Aguilar pierde tres jugadores

Claudia Yaneth Toledo ya juega en el bando contrario al del senador Aguilar
El capitán, exgobernador y hoy senador, ya andaba en problemas con el árbitro, pero su situación empeora cuando pierde a tres de quienes fueron escuderos de su primera línea.
Octavio Reyes, Lenin Pardo y Claudia Toledo, siendo capaces de hasta hacer autogoles, hoy juegan en el bando opuesto al del excapitán.
En busca de mejor futuro, firmaron un contrato de oportunidad con el árbitro, a cambio de salvar su pase.
Hoy se alinean del lado del árbitro y en contra de Aguilar Villa y Ballesteros. En otras palabras, montaron toldo aparte. Reciben instrucciones de un nuevo guía. Juegan con distintos intereses. O sea, sus disparos, -dos de los cuales ya picaron en el palo- apuntan contra la portería del excapitán y hoy senador.
El problema para Aguilar Villa estriba en que cada jugada de los hoy disidentes, tiene un clarísimo objetivo: Lesionar al contrincante para ellos pasar a ser titulares (de prensa, tal vez).
De otra parte, aparece un tal-ivan cansi-no, quien a derecho argumenta la obligatoriedad de anular el cotejo, por los jugadores Toledo y Pardo haber practicado juego sucio.
Total, será el VAR quien diga la última palabra. No el VAR (Video Assistant Referee), sino el VAR (Verdad Anticipada de Reos). Y no será la FIFA ni la Conmebol quienes tomen la decisión final, sino que ésta será autoría de la propia Corte Suprema de Justicia.
Esperemos la continuación del partido.
