Misael Salazar F.
Con el 95.6% de las actas electorales escrutadas, aún resulta impredecible afirmar quién va a ser el nuevo presidente del Perú.
Roberto Sánchez Palomino, líder de la coalición de izquierda, Juntos por Perú, se mantiene desde este lunes liderando los escrutinios con 8.901.069 votos, lo que equivale al 50,074 %. Mientras que Keiko Fujimori, líder de la derecha peruana, suma 8.874. 594 votos, que equivalen al 49,946%.
La diferencia a favor del candidato de la izquierda es de 27.000 votos, faltando aún por escrutar muchas regiones del país donde se supone que la izquierda es mayoría, lo que podría significar un incremento de la votación por parte de Sánchez Palomino.
Pero hay un dato que puede favorecer a Keiko Fujimori. Desde Lima se informa que la ONPU (Organismo encargado de los procesos electorales en Perú), aún no ha contabilizado el voto del exterior, donde se supone que la líder derechista tiene ventaja sobre el candidato izquierdista.
Estos dos escenarios, el voto rural e indígena que favorecería a Sánchez Palomino y el voto del exterior que se inclinaría por Fujimori, mantienen la tensión en las disputadas elecciones peruanas de segunda vuelta.
Lo que, si es cierto, es que, gane quien gane, debe conducir las riendas de un país profundamente dividido entre la derecha y la izquierda y ello le puede crear muchos problemas de gobernabilidad.
Perú es un país profundamente inestable políticamente, hasta el punto de que ha tenido 10 presidentes en los últimos 10 años. Este es el mejor ejemplo de la ingobernabilidad y la inestabilidad política.
