En total 40 abuelitos serán desalojados del albergue fundado por el padre Carlos Gutiérrez Gómez. Foto: Ciudad Florida
Gerardo Castro Pérez
En el término de los primeros días del próximo mes de diciembre, 40 adultos mayores residentes en el Centro de Bienestar del Anciano Juan Pablo II de Floridablanca, ubicado frente al parque principal del municipio, serán reubicados en otros centros de bienestar existentes en la localidad.
La situación ocurre, porque el albergue Juan Pablo II es propiedad de la Curia y el señor obispo, Monseñor Ismael Rueda Sierra, decidió no renovar el convenio existente desde hace más de 20 años con la alcaldía de Floridablanca, a través del cual la administración municipal subvencionaba la estadía permanente de 40 abuelitos en dicha institución.
Conoció Ciudad Florida que la decisión del Palacio Episcopal, no solo corresponde al caso de Floridablanca sino, que es generalizada a los demás convenios con alcaldías de los diferentes municipios correspondientes a su jurisdicción eclesiástica.

El alcalde, José Fernando Sánchez, giró instrucciones para reubicar los 40 abuelitos
El alcalde de Floridablanca, José Fernando Sánchez, al ser notificado de la decisión de los regentes del albergue Juan Pablo II, dijo: “No puedo permitir que los abuelitos vayan a quedar desamparados. Es mi obligación gubernamental, ética y moral, actuar inmediatamente y dar solución efectiva a tan delicada situación, por lo tanto, ya todos y cada uno de los 40 adultos mayores que están ahí, tienen garantizado cupo en otros centros de bienestar en donde podrán continuar disfrutando de los mismos beneficios transitando su vejez de manera digna”.
Historia del albergue Juan pablo II

El albergue de Floridablanca fue construido con fines benéficos. ¿Sigue siendo así?
En agosto de 1986, el Presbítero Carlos Gutiérrez Gómez, hermano de las señoritas Gutiérrez, dona su casa a la parroquia San Juan Nepomuceno, expresando su voluntad que la donación la hace con el fin específico de que allí fuese construido y puesto en funcionamiento “un albergue para personas ancianas que requieran y necesiten la caritativa preocupación y el solícito cuidado de la comunidad”.
El 1 de febrero de 1987 la Parroquia San Juan Nepomuceno, en cabeza del Padre Néstor Sánchez Villamarín, toma posesión de la propiedad y en el año 1988 es colocada la primera piedra.
A partir del año 1990 y hasta 1994 cuando se culminó el proyecto, fue la generosidad de la comunidad quienes con, aportes continuos en efectivo, bazares, rifas y diversas actividades más, financiaron algunos de los gastos de la construcción de la obra. El grueso de la inversión correspondiente a unos cuantos cientos de millones de pesos, fueron aportados de su propio pecunio por parte de las señoritas Gutiérrez Gómez.
Primera etapa del albergue
En los primeros meses del año 1995 las instalaciones fueron totalmente dotadas, con recursos de la comunidad y de las Gutiérrez, e inmediatamente comenzó la ocupación de camas.
Los 10 años siguientes la institución funcionó manejada por una junta directiva la cual siempre fue dirigida por la señorita Lucila Gutiérrez Gómez, y la prestación de su servicio benéfico a favor de los abuelitos siempre fue bien calificada por la comunidad.
Su principal financiamiento consistía en la transferencia realizada por la alcaldía de Floridablanca y la Gobernación de Santander, correspondiente a la estampilla pro anciano, los generosos aportes entregados por benefactores, y el ingreso fijo por concepto de arriendo de locales y parqueadero.
Llegó el Padre Ríos y todo cambió
Para el año 2005, siendo párroco de San Juan Nepomuceno el Padre Jorge Ríos Cortés, expresó el sacerdote recibir órdenes del Obispo e hizo cambiar los estatutos civiles a estatutos eclesiásticos, quitándole así autoridad y mando a las señoritas Gutiérrez y a las demás personas florideñas quienes desde un comienzo habían velado por el bienestar de la institución.
A continuación, y por orden del Clero, la institución fue entregada por parte del Obispo a la Congregación Siervas del Santísimo y de la Caridad, dirigiendo en adelante el albergue la Madre María Jesús Upegui, fundadora de dicha familia religiosa.
Entre lo legal y el deseo
Al conocer esta semana el tema del desalojo de abuelitos, la comunidad florideña, y sobre todo los familiares de los 40 viejitos que ya no van a estar disfrutando del albergue, hubo y hay voces de protesta por considerar que la obra es propiedad de los florideños y para los florideños que la necesiten.
El problema consiste es, en que aun cuando la iglesia no aportó ningún dinero para su construcción y dotación, las escrituras públicas están a nombre del Clero, y ellos son legal y jurídicamente los dueños y pueden disponer y decidir sobre su desempeño.
Tristeza y amargura

Doña Evelia Ramírez, florideña raizal y aportante para la construcción del albergue le dice a Ciudad Florida: “imagínese con aquella alegría que organizábamos los bazares para recoger fondos y el bonito sentido de pertenencia por la obra que todos teníamos. Siempre soñamos con nuestro propio refugio para la ancianidad, pero que va, todo fue una ilusión, hasta el Padre Ríos le hizo quitar el nombre que nosotros desde el principio le habíamos puesto: albergue Padre Carlos Gutiérrez Gómez, pues fue él, el Padre Carlos, el de la idea, y por haber sido él quien donó su casa para la construcción del mismo. Total, solo me resta decir que tengo tristeza y amargura porque mi pensión es muy chiquita y no me alcanza para pagar la mensualidad en la posada que ayudé a construir y en la que pensé pasaría mis últimos días”.
