Delcy Rodríguez se reúne este martes con Donald Trump. Foto: Caracol Radio
Misael Salazar F.
La presidente encargada de Venezuela aterrizó este lunes en Estados Unidos, con el objetivo de participar en la Asamblea General de la ONU que comenzará este martes.
Y aprovechando la reunión de la ONU, la mandataria se reunirá con Donald Trump, también este martes, para avanzar en la agenda común diseñada entre Estados Unidos y Venezuela, pero elaborada desde la Casa Blanca.
Que la presidente de Venezuela haya sido recibida este lunes por funcionarios venezolanos en Nueva York, es algo absolutamente normal.
Pero que Delcy Rodríguez haya sido recibida también por funcionarios estadounidenses, que esté agendada para participar en la reunión anual de la ONU y que aparte de todo tenga una entrevista pautada con Donald Trump, es algo impensable antes del 3 de enero de este año, cuando Nicolás Maduro fue sacado de Venezuela y entregado a una Corte estadounidense que lo juzgará por varios presuntos delitos.
Lo que está sucediendo es que Venezuela (una especie de protectorado de Estados Unidos desde enero de este año), se está reacomodando en el nuevo escenario geopolítico mundial hecho a la medida de Donald Trump.
Un acuerdo petrolero, recientemente suscrito entre Estados Unidos y Venezuela, les garantiza petróleo venezolano a los estadounidenses para las próximas décadas, a precios ínfimos y todo, según las reglas y las condiciones que pone Donald Trump.
Este acuerdo, facilitará que varias empresas petroleras del mundo (incluyendo la colombiana GeoPark), se involucren en el negocio petrolero venezolano.
El propósito es que Venezuela (país que posee las mayores reservas estratégicas del planeta, calculadas en 300.000 millones de barrilles), aumente su producción de crudo hasta 1,6 millones de barriles por día en el próximo año. Hoy, el país caribeño produce solo 1.2 millones de barriles diarios, muy lejos de los 3.000 millones de barriles que llegó a producir en sus años de gloria petrolera.
También, a instancias de Trump o, con su permiso, Delcy Rodríguez empezó a negociar el traslado de las reservas de oro venezolanas en poder del gobierno británico. Pero será Estados Unidos quien pasará a tener control de los lingotes y cualquier decisión pasará por el ojo y el lapicero de Trump.
La semana pasada, el presidente de Paraguay visitó Caracas para restablecer las relaciones diplomáticas con Venezuela, algo impensable mientras Maduro estuvo al frente del gobierno.
Las conversaciones entre la Asamblea Nacional, electa en el año 2015 (la única reconocida por Estados Unidos) y el actual gobierno chavista para trazar la hoja de ruta democrática para Venezuela, se hallan bastante adelantadas y es muy probable que, en cualquier momento, anuncien la fecha del proceso electoral que dará lugar a la elección de un nuevo mandatario venezolano. Ya el senador estadounidense, Bernie Moreno, propuso el 24 de julio del año entrante como una posible fecha para este trascendental momento político.
Todo parece indicar que Venezuela, con Delcy Rodríguez, se acomoda a un escenario geopolítico mundial nuevo.
Pero lo cierto es que, al menos durante varias décadas, nada en Venezuela se decidirá sin la aprobación y el consentimiento del gobierno estadounidense, porque, en medio de la crisis política, económica y social del país suramericano, Venezuela se quedó sin soberanía. Dicho en otras palabras, la soberanía de Venezuela la ejercen los Estados Unidos y todo en el país del chavismo lo decide Donald Trump desde el salón principal de la Casa Blanca.
