Los exdirectivos de la UNGRD fueron trasladados a la cárcel de La Picota. Foto: El Colombiano
Misael Salazar F.
La imagen de Olmedo López y Sneyder Pinilla llegando a cárcel de máxima seguridad de La Picota, quizás cambie la percepción de muchos colombianos acerca del trato discriminatorio que otorga la justicia a los ciudadanos que delinquen.
López y Pinilla, juzgados y sentenciados por su contribución al saqueo de la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (UNGRD), fueron trasladados de unidades militares donde se hallaban, hasta celdas de la cárcel de máxima seguridad de La Picota, en la capital colombiana.
Pero antes de ser movilizados, el exdirector de la UNGRD, Olmedo López y el exsubdirector del mismo organismo, el santandereano, Sneyder Pinilla, tuvieron que pasar por el protocolo diseñado para quienes deben ingresar a los recintos carcelarios como detenidos.
Ambos fueron vestidos con los uniformes propios de los internos o reclusos. Ambos fueron encadenados y a ambos les raparon la cabeza.
Cuando ingresaron a la cárcel, el INPEC cumplió la orden de Abelardo De La Espriella, quien había escrito en su cuenta X: “Se acabaron los privilegios, se acabó la guachafita”.
La instrucción desde el gobierno nacional es que los llamados presos de cuello blanco, deben ser tratados como presos comunes y corrientes. Es decir, que todos los colombianos privados de la libertad, por el motivo que sea, deben ir a la cárcel.
Como era de esperar, la defensa, tanto de Olmedo López, como de Sneyder Pinilla, protestó la medida del gobierno.
Alegan los abogados defensores que la orden del juez fue enviar a los exdirectivos de la UNGRD a instalaciones militares. Y alegaron, además, que ambos están contribuyendo con la justicia en el esclarecimiento del saqueo del cual fue víctima la Unidad Nacional de Gestión de Riesgos y Desastres (UNGRD).
Es posible que los alegatos judiciales en defensa de los hoy internos de La Picota prosperen. Pero, al menos por ahora, queda la sensación de que quienes participen del saqueo a los dineros públicos, no tendrán privilegios ni prebendas. Serán tratados como un preso cualquiera.
