Lo que se vivió en Colombia el 28 de abril con el paro nacional, debería llamar a la reflexión al gobierno del presidente Iván Duque.
Quedó claro que la oposición a la reforma tributaria no es un problema de Gustavo Petro, Jorge Enrique Robledo, Aída Avella, Ángela María Robledo, Rodolfo Hernández u otros aspirantes a la presidencia de la República. Al menos, quedó en evidencia que no es un problema de ellos, solamente.
Lo que demostraron este miércoles los colombianos, es que el país mayoritario está en desacuerdo con la reforma tributaria en plena pandemia.
En todas las ciudades del país hubo movilizaciones con participación masiva de estudiantes, docentes, trabajadores, académicos, transportistas, comerciantes, sindicalistas, profesionales, empleados públicos y gente de a pie, a quienes les afecta la reforma tributaria.
Pero el gobierno parece no haber visto nada de esta masiva movilización. Mejor dicho, solo parece haber visto los hechos vandálicos que fueron mínimos, aunque cuestionables, frente a la forma cívica como se comportaron los manifestantes para rechazar ese paquete neoliberal de medidas muy bien empacadas con otro nombre, pero que no es más que una reforma tributaria.
Si uno oye a los funcionarios del gobierno colombiano, queda con la percepción que solo salieron a protestar unos cuantos desadaptados sociales que saquearon almacenes y enfrentaron la policía.
Pero el mundo vio que los colombianos no van a permitir que los pechen con más impuestos, incluyendo el IVA a la hora de muerte, en tiempos en que la pandemia hace estragos en el mundo y en Colombia. Este mismo miércoles, mientras el país rechazaba la reforma, murieron 490 colombianos por Covid y se contagiaron otros 19.700. Todo ello en un día.
La vacunación, como vemos, marcha muy lentamente. Solo se han aplicado 4.7 millones de dosis, de un total de 35 millones que conforman el rebaño. En realidad, se deben aplicar 70 millones de dosis (porque son dos), de los cuales hay 4,7 millones de inoculados con la primera dosis.
En medio de este gris panorama, con el desempleo creciendo, las empresas cerradas, las clases paralizadas, igual que la economía, el gobierno pretende aplicar una reforma a todas luces impopular, que atenta contra la supervivencia de los colombianos.
Pero la terquedad parece ser uno de los amigos del gobierno. No solo se trata de hacerle caso a Petro, Robledo, Avella, Hernández o los millones de colombianos que este miércoles pidieron en las calles el retiro de la reforma tributaria.
El propio jefe del Centro Democrático y quien puso a Duque en la presidencia, Álvaro Uribe Vélez, le dijo al gobierno que es necesario que retire la reforma. Sergio Fajardo también se manifestó ayer contra este instrumento, cuando vio las calles de Colombia inundadas de inconformes con el proyecto de ley.
César Gaviria y Germán Vargas Lleras, ya le habían pedido al gobierno que retirara la ley y que no contarán con los votos de sus partidos para aprobarla.
En definitiva, se trata del país entero exigiendo, solicitando, reclamando que retiren la reforma tributaria.
¿No se supone, presidente Iván Duque, que lo primero que debe hacer un presidente y un gobierno, es escuchar a sus gobernados? Al menos eso fue lo que nos enseñaron los griegos, los padres de la democracia.
Es esta una oportunidad de oro para que demuestre que el presidente de Colombia es un demócrata.
