El pasado 6 de marzo se conmemoraron cinco años desde que el Ministerio de Salud de Colombia confirmó el primer caso de COVID-19 en el país. Se trataba de una joven de 19 años que había llegado de Italia a Bogotá, marcando el inicio de una crisis sanitaria sin precedentes. Ahora, a pocos días de conmemorar la llegada del virus al área metropolitana de Bucaramanga, específicamente a Floridablanca, la memoria de aquellos días sigue latente en Santander.
El 20 de marzo de 2020, la noticia golpeó a la región: un hombre de 60 años en Floridablanca se convertía en el primer caso positivo en el departamento. Con el anuncio llegaron la incertidumbre, el miedo y las primeras restricciones. Desde entonces, Santander vivió momentos críticos que marcaron su historia reciente.
El virus avanzó rápidamente, y el 7 de abril de 2020, José Joaquín Urbina Guerra, de 62 años, se convirtió en la primera víctima fatal en el departamento, falleciendo en Barrancabermeja. Con su muerte, la pandemia dejó de ser solo una amenaza y pasó a ser una dolorosa realidad. Nadie estaba a salvo.
El año 2021 trajo consigo la peor crisis hospitalaria. En los meses de junio y julio, las Unidades de Cuidados Intensivos colapsaron. La falta de camas, oxígeno y personal médico convirtió cada día en una lucha desesperada por salvar vidas. Las ambulancias recorrían las calles en busca de un hospital con disponibilidad, mientras las familias esperaban noticias que, en muchas ocasiones, terminaban en despedidas.

Bucaramanga, Floridablanca, Piedecuesta y Girón fueron los municipios más afectados. Más de 6.000 santandereanos perdieron la vida a causa del COVID-19, dejando un vacío irreparable en miles de familias.
Las imágenes de la pandemia aún permanecen en la memoria colectiva: calles vacías, comercios cerrados, el sonido de sirenas incesante, las largas filas para acceder a alimentos y la obligatoriedad del tapabocas en todo momento. No obstante, en medio de la tragedia, también emergió la solidaridad. La comunidad santandereana se unió en brigadas de ayuda, las donaciones fueron un alivio para muchas familias y los lazos entre vecinos se fortalecieron como nunca antes.
La llegada de la vacuna en 2021 representó un punto de inflexión. Aunque el proceso fue lento y generó dudas en un principio, la inmunización trajo consigo la esperanza de recuperar la vida que la pandemia había arrebatado.
Cinco años después, Santander recuerda a quienes partieron, rinde homenaje al personal médico que enfrentó la crisis en la primera línea y valora la resistencia de comerciantes, trabajadores y familias que lucharon por salir adelante.
Hoy, la región sigue en pie. Con cicatrices, pero con la certeza de que, como siempre, Santander ha sabido resistir.
