El Leopardo estuvo a segundos de celebrar un triunfo de visitante ante Deportivo Cali, pero un penal en el tiempo de reposición cambió la historia. Analistas deportivos coincidieron en que el equipo santandereano hizo uno de sus partidos más completos del campeonato, aunque volvió a pagar caro la falta de contundencia en el cierre.
Había pasado casi todo. Atlético Bucaramanga resistió cuando tuvo que resistir, golpeó cuando encontró el momento y parecía regresar a Santander con tres puntos de enorme valor. Palmaseca ya se preparaba para una derrota del Deportivo Cali, pero el fútbol volvió a recordar que ningún partido termina antes del último pitazo.
El empate llegó en el tiempo de reposición, desde el punto penal, y dejó una sensación compartida entre analistas, periodistas deportivos e hinchas leopardos: Bucaramanga dejó escapar una victoria que había construido con inteligencia durante más de noventa minutos.
La mano de Pablo Peirano comenzó a notarse
Desde el inicio, el equipo dirigido por Pablo Peirano mostró un plan claro. No fue un Bucaramanga que salió a esperar al Cali, sino un conjunto ordenado, paciente y dispuesto a aprovechar los espacios que dejaba el rival.
La línea defensiva respondió con seguridad y el bloque de volantes redujo la movilidad que caracteriza al conjunto. Esa fue precisamente una de las conclusiones de varios analistas nacionales: Bucaramanga neutralizó durante largos pasajes las principales armas ofensivas del Cali y ganó buena parte de los duelos en la mitad de la cancha.
En las transmisiones y programas posteriores al encuentro, el consenso fue que Peirano planteó un partido inteligente como visitante y logró que su equipo se sintiera cómodo incluso en una plaza tradicionalmente complicada.

Fiermarín sostuvo al Leopardo cuando más lo necesitó
Antes de pensar en ganar, Bucaramanga tuvo que sobrevivir.
En el primer tiempo apareció la figura del arquero Cristopher Fiermarín, quien detuvo un penal y evitó que el Cali se adelantara en el marcador. Esa intervención cambió el rumbo emocional del encuentro y fue considerada por la prensa deportiva como una de las acciones determinantes de la noche.
A partir de ese momento, el equipo santandereano creció en confianza y comenzó a disputar el partido lejos de su área.
El gol que parecía valer tres puntos
La recompensa llegó en la segunda mitad.
Una buena acción colectiva terminó con la asistencia de Emerson Batalla y la definición de José García, quien apareció en el área para poner en ventaja al Bucaramanga. El defensor, que durante la semana había hablado de su trabajo para mejorar el juego aéreo y su deseo de marcar, terminó cumpliendo esa promesa en Palma Seca.
El 1-0 no solo premiaba el orden del equipo santandereano; también reflejaba un segundo tiempo en el que Bucaramanga fue más peligroso que el local.

El error fue dejar de jugar
Allí aparece el punto donde coinciden casi todos los análisis.
ESPN, Vanguardia y otros comentaristas señalaron que Bucaramanga cedió demasiado terreno en los minutos finales. Los cambios y el repliegue hicieron que el Cali monopolizara la posesión y empujara al Leopardo contra su propio arco.
La crítica no apunta al planteamiento inicial de Peirano, sino al manejo del cierre del partido. Bucaramanga dejó de atacar, perdió la pelota y permitió que el rival instalara el juego cerca del área defendida por Fiermarín.
El minuto 99 cambió la historia
Cuando el reloj ya parecía consumido, una mano dentro del área fue revisada por el VAR.
El árbitro sancionó penal y Leyser Chaverra convirtió el empate para el Deportivo Cali. El estadio explotó y, del otro lado, la frustración invadió al banco del Bucaramanga.
La igualdad terminó provocando una trifulca entre jugadores y miembros de ambos cuerpos técnicos, un episodio que también ocupó buena parte del análisis posterior al encuentro y dejó expulsiones tras el pitazo final.
Un empate con sabor a derrota
La lectura de los especialistas fue casi unánime: Deportivo Cali rescató un punto; Bucaramanga perdió dos.
El equipo santandereano mostró una identidad más definida, compitió de igual a igual como visitante y confirmó que el proceso de Pablo Peirano empieza a reflejarse en la cancha. Sin embargo, también dejó una enseñanza evidente: para pelear en la parte alta de la Liga BetPlay no basta con jugar bien durante noventa minutos; también hay que saber cerrar los partidos.
Bucaramanga regresó de Palmaseca con un punto, pero con la sensación de que la victoria estuvo en sus manos hasta el último suspiro.

