Colombia ya se instaló en los dieciseisavos de final. Foto: El País/España
Misael Salazar F.
A pesar de que Congo le había sacado un empate valioso a la selección de Portugal, Colombia llegó al estadio de Guadalajara con la etiqueta de favorito.
Y la tricolor le puso el alma al partido desde que sonó el pitazo inicial. Los misiles salían, uno tras otro, de los zapatos de James, Lucho Díaz, Suárez y Daniel Muñoz, pero casi todos se estrellaban contra una mole humana, gigantesca, llamada Lionel Mpasi, el arquero congolés.
En esas andaba Colombia. Dispare y dispare y tras cada disparo una especie de frustración momentánea llegaba pegada a la ilusión del gol que no llegaba.
Hasta que llegó, porque los dirigidos por Néstor Lorenzo sabían que, si no clasificaban frente a Congo, con Portugal resultaría más complicado.
Un balón cruzado al ala derecha de la forma en que atacaba Colombia, halló en el bombardero Daniel Muñoz, el hombre que fue capaz de lanzar un zapatazo rastrero que halló descolocado al arquero africano y entonces estalló el estadio de Guadalajara en el legendario estado mexicano de Jalisco.
Era lo único que faltaba en el partido, porque Colombia le había puesto enjundia, honor, fuerza, calidad organizativa, trabajo de equipo y la ilusión que debe acompañar las grandes proezas, como cuando Aníbal cruzó Los Alpes con sus elefantes queriendo conquistar a Roma o cuando Bolívar atravesó el páramo de Pisba buscando la libertad americana.
Fue el de Muñoz el único gol del partido. pero fue suficiente para que Colombia clasificara a los dieciseisavos de final del Mundial de Fútbol y lo hizo junto a Portugal faltando precisamente el partido entre los gladiadores conducidos por Cristiano Ronaldo y Lucho Díaz.
La próxima batalla colombiana será en Miami el próximo sábado, frente a Portugal, pero allí solo se disputarán el honor de ser el primero del Grupo. Los dos equipos ya están al otro lado del Mundial de Fútbol que por estos días tiene entretenido al mundo.
